Tengo miedo al señor cura

Orgullo LGTBI

ORGULLO LGTBI

Tengo angustia. El cura me ha llamado a su despacho y no sé por qué. Estoy en plazo para no confesarme. Son quince días entre una confesión y otra. Y hará tres o cuatro que la hice. Mentí como siempre. Sé que estoy en pecado mortal pero no quiero contarle al cura las cosas que me pregunta. Que si hago actos impuros. Pues claro que sí, los pienso y los hago. Pero no le voy a dar detalles.
Sus preguntas me incomodan. La masturbación es la masturbación, no sé por qué esa obsesión por afinar tanto. Por lo visto, me explicó, se masturba uno por delante. Pero también se puede uno masturbar por detrás. Lo que aprende uno durante una confesión. Un chico de 18 años en los años 80 tampoco es que tuviera muchas formas para aprender. A ese nivel de detalle.
No creo que sea por no haber cumplido la penitencia. Porque ha sido pública y notoria. Sellar enterita cada 50 páginas la gran enciclopedia Rialp. Todo por unas cuantas pajas. Menos mal que he estado entretenido – y solo – viendo la tragedia del estadio Heysel.
Entro en el despacho. La mirada del Padre me vigila desde lo alto. No, ese Padre al que me refiero no es Dios porque tiene gafas.
Siéntate me dice el cura. Todo de negro. Siempre con su cara amable. Y esa colonia que no soporto. Y esa cercanía que me hace oler hasta el revés del aliento.
Me lo suelta de golpe y no tengo tiempo reaccionar. Me quedo mudo. Sigue leyendo

Por qué es necesario que un niño de doce años sepa qué es ser gay

Colegio

Colegio

Hay una polémica ahora provocada por los de siempre que dicen que se les está enseñando a los niños en los colegios a ser gay. Adoctrinando, dicen ellos. Ya saben. Los de siempre, esos machotes que continuamente están persiguiendo al movimiento gay, pero que con los casos de pederastia que se dan en el mundo, callan.

Les voy a explicar por qué un niño de diez, once , doce años necesita saber qué es ser gay.

Allá por los setenta, la educación sexual en España no existía. La mujer la padecía en primer lugar en sus propias carnes. Sé por casos cercanos – muchos, tal vez demasiados – que las mujeres no tenían ni idea de lo que era la mestruación antes de que les llegara. Lo sé por mi hermana, que no sabía nada y pensó que se moría cuando le vino. Mi madre hizo lo que se hacía entonces. No decir nada. Pero cuando vio la que montó mi hermana decidió que yo iba a aprender sexualidad. No es que ella supiera mucho, la pobre, imaginen la educación sexual de una mujer que creció en la dictadura franquista. Pero tuvo las suficientes luces para comprarme revistas y libros. ‘Que aprenda con eso y no en la calle’ la escuché una vez decir a una vecina cuando ésta le recriminaba porque me vió una vez con esas revistas. Sí, yo soy hijo del consultorio sexológico del Pronto, del Nuevo Vale y del LIB que compraban mis primos.

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La decepción con el Papa Francisco y su homofobia

Muchas personas se han sentido decepcionadas por el Papa Francisco y sus declaraciones homófobas.

A ver. Esto es por desconocimiento de la doctrina católica que existe entre los católicos, que se dedican más al culto de imágenes y no tienen ni idea porque no están formados sobre la doctrina de la Iglesia Católica.

El papa Francisco no es un Papa nuevo. Ni revolucionario. Es como todos. Lo único, que sonríe y tiene una cara amable. Pero en el fondo, es lo mismo que Juan Pablo II o Benito XVI.

El rechazo a la persona homosexual no lo saca la Iglesia Católica de los Evangelios donde no hay ni una palabra de Jesús a los homosexuales. Lo saca del Antiguo Testamento, un libro mitológico, machista, homófobo y violento, y de las palabras de Pablo de Tarso. Pero Jesús, que es el que importa, no dijo nunca nada contra las personas homosexuales.

La homofobia de la Iglesia Católica queda retratada en su Catecismo, algo que usted, católico que me lee, levante la mano si lo ha leído. Si por si acaso, como me temo, no lo ha hecho, más abajo le copio los puntos homófobos de la doctrina de la Iglesia Católica, que en resumen lo que dice es que el homófobo será aceptado en la Iglesia Católica mientras permanezca casto. En el momento en que ‘practique’ la homosexualidad, estará en pecado, y por tanto, fuera de la Iglesia si no tiene ‘arrepentimiento’.

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Guía cristiana para votar

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De El GrecoWeb Gallery of Art:   Image  Info about artwork, Dominio público, Enlace

Tenemos que partir de la base que ningún partido político español o extranjero tiene un programa que sea autënticamente el seguimiento de la doctrina que Jesús de Nazaret nos dejó a la humanidad, pero sí podemos analizar y tener un criterio sobre las distintas propuestas que los partidos políticos hacen para ver que está acorde o no con la doctrina cristiana.

EL DERECHO A LA VIDA.

Es el derecho por esencia del hombre y la mujer, de los animales y del reino vegetal. Uno de los temas más polémicos con el que se intenta manipular el voto cristiano es el del aborto. Evidentemente, un cristiano no puede estar de acuerdo con el aborto porque la ciencia no es capaz de decir en qué momento un feto es un ser humano o no. Por lo tanto, los cristianos no queremos aborto. Pero sabemos que la prohibición del aborto no consigue que deje de haber abortos. De hecho, lo que se consigue es que las mujeres con capacidad económica aborten en clínicas privadas en otros países como Reino Unido y las mujeres sin recursos, aborten clandestinamente con el consiguiente riesgo de salud para feto (lógico) y madre.

Lo mejor es votar a partidos que mantengan una ley como la actual, que no evitando totalmente el aborto, ha reducido su número, facilitando a la mujer asesoramiento antes de la decisión.

Unida a esta política, hay que valorar los programas que lleven una educación sexual en métodos anticonceptivos  para las personas jóvenes para evitar embarazos no deseados.

El derecho a la vida se enfrenta a la pena de muerte. Un cristiano no puede votar a ningún partido que defienda esta condena fatal y sin remedio.

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Visibilidad homosexual en los cargos oficiales #LGTBI

Gobierno Pedro Sánchez - (c) La Moncloa

Gobierno Pedro Sánchez – (c) La Moncloa

El que una persona sea homosexual, bisexual, transexual, no le da más capacidad o menos para hacer lo que hace todo el mundo. La sexualidad no influye en tus habilidades. Por lo tanto, no es un dato importante a la hora de realizar un trabajo.
Hago esta reflexión al caso de que nos hemos encontrado en el nuevo gobierno socialista con dos ministros abiertamente gays.
¿Y a mí que me importa? Dirá más de uno. Es algo que irrelevante, que no tendrían ni que contar, dirán otros.
Pues bien, es verdad, no debería nadie en su profesión tener quedar explicaciones de su sexualidad, pero en el caso de los ministros, yo pienso que no está mal que lo hagan.
La visibilidad de la homosexualidad es muy importante para todas las personas que son homosexuales y tienen que asumir que lamentablemente y a pesar de todo lo que se ha avanzado en España, son ‘distintos’ al resto de la población y serán víctimas del rechazo y la homofobia por una parte de la población, cada vez más pequeña, pero que hace mucho ruido. Recuerden el autobús naranjito.
Frente a los casos de crítica, el ver que otras personas llegan a puestos tan altos, anima al homosexual a salir del armario ante su familia, compañeros de trabajos, etc…
Un ministro homosexual era impensable en los años 50. Hoy, ya se puede. Es un gran paso y hay que agradecerles su visibilidad porque abren camino.
Pero queda mucho por andar. ¿Para cuándo ministras lesbianas? La mujer lesbiana se enfrenta a una doble discriminación. La que ya lleva implícita por ser mujer y de regalo, la que lleva por ser lesbiana.
El caso de la diputada madrileña Carla Antonelli ha llevado también la dignidad de las personas transexuales muy alto.
Tenemos que agradecer, insisto, esta visibilidad para ayudar al resto, Ser un personaje público tiene esas.
No os podéis imaginar lo mal que se pasa en el armario. Hace poco me encontraba con la ex concejala jerezana Antonia Asencio. Siempre que la veo se lo recuerdo. Cuando yo tenía 20 años (año 1985) estaba en el armario. Una de las consecuencias de estar en el armario es que no conoces a gente como tú. Me ayudó mucho llamar a aquél teléfono de información sexual y que ella me atendiera. Me puso en contacto con asociaciones. Pude conocer gente y pude darme cuenta de que ni era el único ni que era un bicho raro.
Hemos adelantado mucho desde aquellos años hasta hoy. Pero aún queda mucho por avanzar.
Por ejemplo, es labor del nuevo gobierno el ilegalizar – qué iluso soy – o por lo menos, quitar todo tipo de ayudas públicas a las organizaciones que no admiten a personas homosexuales en su seno y en sus áreas de gobierno por el mero hecho de serlo.
La gente LGTBI siempre vamos de la mano de las mujeres, que nos abren el camino con su feminismo. De hecho, el origen de la homofobia a los gays, es que ‘nos parecemos a las mujeres’. También el gobierno debe ir contra las organizaciones que impiden acceder a su entidad a mujeres u otras organizaciones similares, que sí aceptan mujeres pero le impiden llegar a los órganos de gobierno. Eso pasa hoy en España en 2018 y nadie mete mano a este asunto. Si, todos y todas estamos pensando en las mismas organizaciones: las religiosas. Pero no ha habido todavía valentía para que se nos respete la igualdad de derechos para todas las personas. Espero que algún día la haya.

Los silencios cómplices

Silencios cómplices

Silencios cómplices

Hazte Oír y su autobús le está haciendo un daño inmenso a la nueva imagen de la Iglesia Católica que pretende dar el Papa Francisco.

El Papa Francisco ha dejado la rigidez moralista de Juan Pablo II sobre la transexualidad con una opinión que hizo temblar a muchos ultras dentro de la Iglesia. En el viaje de regreso desde Gergoia y Azerbaiyán a finales de 2016 el Papa dijo:

“El año pasado recibí una carta de un español que me contaba su historia de niño y de joven. Era una niña, una niña que había sufrido mucho, porque él se sentía chico, pero físicamente era una chica. Se lo contó a su mamá -ya de 22 años- le dijo que quería hacer una operación quirúrgica y todas estas cosas. Y la mamá le pidió que no lo hiciera mientras ella estuviera viva. Era anciana, y murió poco después. Se hizo la operación, es empleado en un ministerio de una ciudad de España”.

“Fue a ver al Obispo: el Obispo lo ha acompañado tanto. Un buen Obispo: “perdía” tiempo – perdía entre comillas – para acompañar a este hombre. Y después se casó; cambió su identidad civil, se casó y me escribió una carta que para él habría sido un consuelo venir con su esposa: él, que era ella, pero es él. Y los recibí. Estaban contentos. En la colonia en donde él vivía había un viejo sacerdote, de ochenta años, el viejo párroco, que había dejado la parroquia y ayudaba a las monjas, allí en la parroquia… Y había uno nuevo. Cuando el nuevo párroco lo veía, le gritaba desde la banqueta: “¡Te vas a ir al infierno!”. Cuando se encontraba con el viejo, le decía: “¿Desde hace cuánto no te confiesas? Ven, ven, vamos que te confieso y podrás tomar la Comunión. ¿Has entendido? La vida es la vida, y hay que tomar las cosas como vienen. El pecado es el pecado. Las tendencias o los desequilibrios hormonales dan muchos problemas y debemos estar muy atentos a no decir: “Todo es lo mismo, hagamos fiesta”. No, esto no”.

“Cada caso hay que acogerlo, acompañarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que haría Jesús hoy. Por favor, no digan: “¡El Papa santificará a los trans!”. Por favor ¿eh? Porque ya estoy viendo las primeras páginas de los diarios. No, no. ¿Hay alguna duda en lo que he dicho? Quiero ser claro. Es un problema moral. Es un problema. Es un problema humano. Y se debe resolver como se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, como hemos hablando en el caso del matrimonio, leyendo toda la [Exhortación apostólica] Amoris Laetitia, pero siempre así, pero siempre con el corazón abierto.

Algo muy lejano como podemos ver de la postura tránsfoba de Hazte Oír, organización que se considera ‘cristiana’.

El arzobispado de Madrid, con Osoro a la cabeza y de la misma cuerda del Papa (y en las antípodas del resto de la Conferencia Episcopal) ha desvinculado muy claramente a la Iglesia del autobús naranja.

En el semanario Alfa y Omega el arzobispado también se pronuncia:

El bus tránsfobo de HazteOir es “una iniciativa de un grupo que no representa a la Iglesia, aunque quiera presentarse como la voz de una parte de los católicos. Y eso es un problema serio”. El semanario de la Archidiócesis de Madrid, Alfa y Omega, sacude una dura andanada contra los grupos ultracatólicos en su editorial de este jueves.

En el mismo, que lleva por título “Dejemos a los niños en paz”, la revista –que se distribuye todos los jueves con el diario ABC– subraya que “es evidente que en la trinchera hay oportunidades de negocio”, pero advierte que “la comunidad católica debería resistirse a los cantos de sirena de quienes se erigen en paladines de la pureza doctrinal con propuestas que más tienen que ver con la toma del poder al asalto que con convencer al otro con razones y testimonios de vida”.

Para el semanario católico, “campañas como la del autobús solo consiguen fortalecer en sus posiciones a quien piensa de forma distinta y generan división entre los católicos. Por eso resultan contraproducentes, salvo que el objetivo real sea instrumentalizar reivindicaciones nobles como la libertad educativa para aumentar la propia capacidad de influencia social”.

Lleva razón el arzobispado: el autobús divide a los católicos. Entre ultras y progresistas. O lo que es lo mismo. Los partidarios de Francisco y sus contrarios, porque realmente todo esto es un pulso de poder utilizando a las personas transexuales de por medio.

Pero lo que más inquieta son los silencios. Los silencios de los obispos nos lo imaginamos. Valen más que mil palabras. Pero ¿Y el silencio de sacerdotes y diáconos, y especialmente, de hermanos mayores de cofradías en Andalucía?

Esta división entre católicos, esta guerra continua a diaria contra el mundo homosexual por una parte muy escandalosa de la Iglesia, donde hace que cada día te levantes con un titular homófobo por parte de católicos, me consta que está inquietando a mucha gente comprometida por la Iglesia. Son ya varias y cada vez más numerosas las personas que se dirigen a mí e intentan convencerme que la Iglesia Católica, que toda la Iglesia no es así y me ponen de ejemplos y testigos vivos que sí están comprometidos con los derechos de las personas homosexuales. No hace falta que me lo cuenten, yo lo sé. Pero no son ellos quienes tienen que partir la lanza a favor de la Iglesia. No son suficientes. Son los sacerdotes y los diáconos, hermanos mayores y resto de representantes de la Iglesia,  quiénes tienen que dar el paso y decir verdaderamente lo que piensan. ¿Qué tiene el párroco que decirle a las personas transexuales y homosexuales que están en su parroquia? ¿Por qué no hablan? ¿Les puede más el miedo a perder sus privilegios o a enfrentarse a un obispo que el defender la verdad y la justicia? ¿No fue con estos enfrentamientos, y recuerdo ahora a Teresa de Jesús o San Juan Bosco, como la Iglesia avanzó y sobrevivió a lo largo de los siglos? ¿No son capaces de medir que la Iglesia se muere porque no es capaz de engendrar nuevos sacerdotes? ¿no son conscientes que han convertido el campo sembrado de semillas de mostaza en un campo estéril? ¿No tienen estos sacerdotes y diáconos absolutamente nada que decir sobre el dichoso autobús? ¿Con quienes éstán? ¿Están con Jesús, o contra Jesús? ¿O acaso prefieren vivir entre los tibios (Ap 3,15-16)? Sus silencios les hace cómplices.