Curanderos, no, gracias.

Reiki

Reiki

Imagen de Jürgen Rübig en Pixabay

Soy maestro de reiki, lo practico desde hace unos diez años. Llegué a ello después de la enfermedad de mi hermana. Aprendí la técnica sin gastarme un duro porque me lo enseñaron gratis en una asociación de reiki altruista de Puerto Real.

El reiki es una práctica oriental que bebe de las mismas fuentes que el Chi Kung o el Tai Chi. Consiste en una técnica que a través de la imposición de manos (las de otro reikista o las tuyas propias en autoreiki) que proporciona bienestar, te aplaca los nervios, te da tranquilidad y te ayuda en momentos difíciles de tu vida ya sean por angustia, ansiedad por cualquier problema o por alguna enfermedad.

Pero el reiki no cura. Alivia a llevar las enfermedades para adelante. Es lógico pensar que se puede luchar mejor contra una enfermedad con un estado de ánimo bueno que con un estado de ánimo malo. Reiki consigue eso, elevarte el estado de ánimo, pero ya está. Si la enfermedad viene derecha a ti, no hay quien la pare, salvo la ciencia médica y a veces, por desgracia, ni la medicina puede con determinadas enfermedades.

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Nos necesitamos

Amistad

Nos necesitamos

Imagen de Wendy Corniquet en Pixabay
La vida te enseña a lo largo de los años. Académicamente, como cuando me estudié las asignaturas de Antropología Cultural y la de Sociología que somos animales sociales, que necesitamos vivir en compañía. Eran asignaturas bonitas, curiosas, que te ayudan a aprender sobre la especie humana en su comportamiento con sus semejantes.

Pero la vida también te enseña con la cruda realidad de golpe. Yo aprendí más que en toda la Universidad en la planta quinta del hospital de Jerez cuando mi hermana estuvo ingresada por cáncer. Era una situación rara. La preocupación por la enfermedad. Y yo sólo era el acompañante. ¿A cuánto ascenderá la preocupación de quien está en la cama?. Te sentías raro. Días interminables. Rutinarios. Ese carro de comida sonando a todas horas. ¿Ya es la merienda? Pero si acábamos de comer.

Encerrado entre cuatro paredes, con otra cama al lado. ¿Hola, qué tal? ¿Cómo está usted? Pues aquí estamos. Tenemos que aguantar la racha. Ya saldremos. Y usted que lo diga. ¿Esta es mi hija, sabe usted? Viene de Villamartín. Encantado. Ella es mi hermana. Si usted necesita algo ya sabe. Voy a por agua ¿necesita usted? No, yo tengo aquí, gracias. Pero tengo unas naranjitas que me trajo mi hijo ayer. Pruébala hija. Si es que no tengo ganas, señora. Un casquito nada más, si es que están muy ricas. Bueno. Y ese casquito de naranja endulzó el sabor metálico de la quimioterapia.

Vamos a levantarnos un poquito y ver la libertad a través del cristal de la ventana. Míralos ahí en el Área Sur. Todos arremolinados, parecen hormigas. Pues cuando salgamos vamos a ir a la hamburguesería y nos vamos a poner hasta el culo. No, tú me llevas a ese que pone platos de jamón. Bueno, pues vamos a ese.

Perdonen. Entra la vecina de otra habitación continúa. Estamos recogiendo un eurito entre todos para pagarle la televisión (año 2009) a la señora de Sánlucar que tiene a su marido aquí desde hace cuatro meses. El pobre está pero no está, y ella no tiene dinero. Está sola. Vale, toma el eurito. Y llévale esta caja de zumo. Lloro recordando porque esto es así como lo estoy contando. Gracias, gracias, gracias.

A las once de la noche estamos todos medio dormitando y nos despierta el grito. Ya está ahí. ¿A ver, quién es el tío más guapo que ha entrado hoy aquí nuevo? Bueno, lo dijo de otra manera, pero lo tengo que escribir más fino. Era una auxiliar de clínica de Arcos, que entraba de turno a repartir zumos y pastillas. Pero también repartía risas y buen y humor. Resumiendo, repartía salud.

Y hoy, que yo estoy encerrado en casa, sano, sin poder salir por el dichoso coronavirus no puede dejar de recordar aquellas lecciones. Las académicas, que la tengo en mis libros. Y la del hospital, que la tengo en el corazón.

A las ocho de la tarde, cuando se aplaude a todo el mundo, yo me acuerdo de aquella auxiliar de clínica de Arcos, porque esos aplausos, esa escandalera que hacemos, me hacen sentir esa misma sensación que tenía en la quinta planta. Que no estoy solo. Que aunque esté en mi habitación, no estoy solo. Que la gente cuando está en necesidad es solidaria. Que hay algún majara, pues sí. En el hospital siempre estaba el capullo dando por saco con el tabaco. Pero era la anécdota.

Los whatsapp que te hacen reír. Los vecinos por las ventanas. Escuchar a los niños de mi vecino por el tabique. Y los aplausos. Esos aplausos en los que agradecemos tanto, pero sobre todo, en el que decimos sin palabras, que nos necesitamos los unos a los otros. Hacemos ruido para decir que seguimos aquí. Sí, nos necesitamos. Estoy repitiendo curso por segunda vez y volviendo a aprender lo aprendido. Gracias.

La eutanasia es una decisión personal

Hospital
Imagen de Parentingupstream en Pixabay
Ni a mi mayor enemigo le deseo lo mal que lo pasé (y lo paso) con la muerte de mi hermana. Sus días finales fueron con dolores horribles y con el miedo a la muerte porque estaba en sus cinco sentidos. El médico quiso hablar con un familiar y me tocó a mí. Mi madre había muerto y mi padre, ya mayor, no estaba en condiciones. Me contó el doctor que la enfermedad estaba ya terminal, irreversible, que no había nada que hacer. Que los dolores iban a ser contínuos y que además se estaba quedando ciega. Me dijo que había dos opciones: o dejar que la naturaleza siguiera su curso o suministrarle morfina, lo que la dejaría inconsciente hasta su muerte. O sea que la dormirían y ya no hablaría nunca más con ella. También había escuchado que la morfina acelera la muerte y su proceso. Yo tenía que decidir por ella y no podía preguntarle. Le pregunté al médico: ¿Qué haría usted si fuera su hermana la que está ahí? Me dijo: ‘Yo le pondría la morfina’. Pues así sea, le dije. Y así fue. Me la dejaron un día consciente para despedirnos. Ambos sabíamos que se iba aunque ella no estaba en condiciones para hablar y al otro día se durmió y no se despertó más.

Yo creo que después de una experiencia como ésta, la opinión sobre la eutanasia cambia. Yo no quiero tener una muerte así, pero sobre todo, no quiero que nadie tenga que decidir por mí. Sobre todo por mi opinión que tiene que ser respetada, pero también por el trance de tu ser querido de tomar decisiones por ti sin saber.

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Capellanes en los hospitales públicos. ¿Hasta cuándo?

Cura

Cura

Imagen de Quidec Pacheco en Pixabay

Con la llegada al gobierno de la nación de la coalición de izquierdas, se han extendidos muchos bulos boca a boca donde se alerta que, entre las muchísimas cosas malas que va a hacer el gobierno, no se dejará entrar a los curas en los hospitales.

Las competencias de sanidad las tienen las Comunidades Autónomas y también dudo que en los planes del Gobierno esté intervenir en este asunto. Pero me gustaría reflexionar sobre la necesidad de un sacerdote en el hospital.

Creo que no. No son necesarios. Es muy sencillo de entender. Y cuando digo sacerdote católico, digo pastores protestantes o imanes musulmanes que estén en un hospital de una manera institucional.

Os cuento. Cuando mi abuela era muy mayor y estaba enferma, tuvo la visita de un cura cercano a la familia que se presentó a visitarla con toda su buena voluntad. Pero fue vestido de cura. Todo de negro con su tirilla blanca. Mi abuela pensó que iba a darle la extremaunción cuando el hombre lo que estaba haciendo era una visita de cortesía. Mi abuela empeoró su enfermedad debido al susto.

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El alcoholismo, esa adicción tan aceptada socialmente y tan asesina

Alcoholismo

Alcoholismo

Hace unos días, estando en la cola del supermercado, una niña, con uniforme de colegio religioso, pidió permiso para pasar ya que sólo llevaba un artículo. El artículo era una botella de Vodka. Creo que no fui yo sólo el que se sorprendió al ver a la niña con semejante bebida alcohólica de tanta graduación. Además, no era hora para salir de ‘botellón’. La ‘niña’ presentó su carnet en caja y no era tal niña. 18 años por lo menos.
Pero reflexiono esto desde mi lugar, donde conozco muy bien los efectos que produce el exceso de consumo de alcohol. He visto a familiares y conocidos morirse literalmente por el alcoholismo. Pero no fue una muerte súbita, no. Porque el alcohol te mata, pero antes te va minando por dentro, destrozando a la persona adicta y a todo su círculo familiar y cercano.
Vivimos en una ciudad complicada para evitar el consumo de alcohol. Nuestra industria más importante fue y casi es, el vino. Que con moderación no es malo, pero en exceso, es cruel. En nuestra Feria podemos verlo de la manera más brutal.
Nadie sabe lo que es el alcoholismo hasta que le toca. El alcoholismo me parece de una gravedad extrema que esta sociedad parece no querer ver. Es más. Es de guays salir en nuestras fotos en las redes sociales con nuestras copas, nuestras cervezas, nuestros vinos, etc.
Sabemos el daño que hace. La mayoría de los accidentes de tráfico vienen por consumo de alcohol al volante. Pero no veo campañas contra el alcoholismo en sí, al igual que se ha hecho con otro veneno, el tabaco. Las campañas de si bebes, no conduzcas, van dirigidas a evitar el accidente de tráfico, pero no a que la persona no beba.
De hecho, en la campaña electoral última ¿Han oído ustedes algún debate sobre el consumo de alcohol, el tabaco o las drogas en general?.
No sé cuál es la solución. No creo que prohibir sirva para algo. Quizás poner en las botellas fotografías y textos avisando de las consecuencias del alcoholismo, al igual que se hace con el tabaco. Tampoco sé si funcionaría el sistema sueco de solo vender alcohol en establecimientos del Estado, los famosos Systembolaget, que sólo abren a una hora determinada. O poner unidades de ayuda a las personas con alcoholismo en los Centros de Salud, al igual que ocurre, otra vez, con las unidades contra el tabaquismo.
La verdad, digo que no lo sé. Supongo que todo tendrá que venir desde la educación en los colegios hasta una buena campaña educativa por prensa, televisión, etc…
Pero imagino que también nos vamos a enfrentar a la industria de bebidas alcohólicas que obviamente pondrán sus reparos.
Repito, no lo sé. Pero no podemos consentir que esta sociedad española viva de espaldas a un problema tan difícil y duro como es el alcoholismo.
Aquí os dejo un informe del Defensor del Pueblo Andaluz sobre el alcoholismo en la juventud andaluza de 2017. Échense a temblar.

Asociación de fibromialgia de Jerez

Asociación de Fibromialgia de Jerez

Asociación de Fibromialgia de Jerez

Una entrevista dura, en la que solo puedes escuchar, porque te quedas sin palabras ante el sufrimiento que ocasiona esta enfermedad, tan incomprendida por la misma medicina y administraciones públicas.

Podéis escuchar la entrevista aquí

 

Es derecho de los andaluces y andaluzas que nos protejan del cáncer de colon

Cáncer de colon

Cáncer de colon

Según fuentes de la Asociación Española Contra el Cáncer cerca de dos millones de personas en Andalucía, los que están entre los 50 y 69 años, no están protegidas contra el cáncer de colon por el Gobierno que preside la socialista Susana Díaz, sustentada por el partido de Albert Rivera, Ciudadanos.

El cáncer de colon se puede curar en el 90% de los casos que se detectan a tiempo, con una simple muestra de heces.

Esta prueba forma parte de un programa de prevención que todas las comunidades autónomas están obligadas a poner en práctica.

En Andalucía está poco implantado. Si tienes entre 50 y 69 años tienes derecho a participar en este programa de prevención. ¡RECLÁMALO!

Para reclamar tu derecho a este programa, rellena el siguiente formulario con:

Asunto: Derecho “Programa de Cribado de Cáncer de Colon”
Texto:  Yo …… con D.N.I ….
Solicito a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía que garantice mi derecho a participar en el programa de cribado de cáncer de colon, extendiendo y acelerando la implantación en todo el territorio de Andalucía.
¡Comparte esta información, por favor, nos va la vida en ello!

En este enlace accedes al formulario y puedes hacer tu reclamación. Pincha en él para acceder.