Porvenir, novela de ciencia ficción de @pa_pagarcia ¡Astrónomos, tenéis que leerla!

Porvenir novela de ciencia ficción

Porvenir novela de ciencia ficción

Pocas estrellas pueden convertirse en estrellas protagonistas de novelas. Fue el caso de la estrella Vega en la novela ‘Contact’ de Carl Sagan, que luego se convirtió en película.
Ahora le llega el turno a otra estrella ser protagonista de otra novela de ciencia ficción. Me refiero a Procyon, esa estrella cercana a Orión que podemos ver todas estas mañanas de septiembre, al salir el Sol, en en hemisferio Norte.
Esta novela se llama ‘Porvenir’, del escritor gallego P.A. García. Porvernir – además de ser el nombre de una de las principales calles de mi ciudad, Jerez – es el nombre de una cosmonave que tiene como destino el sistema de la estrella Procyon, donde encuentra una luna con posibilidad de ser habitada.
Obviamente no voy a desvelar el contenido de la obra.  No es una obra larga. Yo la definiría como corta, o más bien, que se me hizo corta. Con un lenguaje sencillo, hace que sea entendida por la mayoría de la gente que no tenga unos conocimientos profundos de la ciencia, pero tampoco deja mal sabor de boca a quienes sí sabemos un poco de astronomía y viajes espaciales. Quizás eché de menos una explicación con detalle de cómo se podía llegar a Procyon en el año 2059 y con qué tipo de tecnología, pero luego me di cuenta que tampoco era necesario saberlo. La novela apunta a otros sitios.
Por un lado nos acecha de los peligros que tiene un viaje espacial. No voy a decir cuáles porque reviento la novela ni voy a decir a qué novela también famosa en la ciencia ficción me ha recordado. Por otro lado, hace hincapié en una cosa que como estudiante de psicología por hobby en la UNED (en stand by mientras mis oposiciones del trabajo que me da de comer me dejen) me interesa mucho y que son las relaciones humanas en un ambiente de enclaustramiento en una nave espacial durante mucho tiempo. Es algo que supongo se ha ensayado en laboratorios, en las mismas estaciones espaciales como la actual o la difunta MIR,  pero no hemos probado nunca en una misión relativamente larga. ¿Cómo aguanta el ser humano la presión psicológica? ¿cómo se sobrevellevan las relaciones entre hombres y mujeres? ¿y si alguien se enamora de alguien? ¿y si alguien se encela de alguien? ¿Cómo afectaría a una misión? No es que en la novela se dé un caso de estos, pero como digo, trata sobre las reacciones psicólogicas humanas ante situaciones extremas, algo como digo muy intersante.
Porvenir es el título de la novela. Que bien puede ser por el nombre de la cosmonave o por el futuro que nos depará el futuro a los terrícolas. ¿Cuál será nuestro porvenir, el de la Tierra? ¿Lo haremos nosotros? ¿lo destruiremos nosotros mismos? ¿ocurrirán cosas ajenas a la Humanidad que nos destruyan o nos hagan sobrevivir?
Porvenir no es sólo una novela entretenida. Quizás un poco liosa al principio para cuadrar quien es cada personaje, pero conforme avanzas vas viendo y conociendo la personalidad de cada cual. Porvenir es también una reflexión sobre nuestro ahora y sobre nuestro futuro. Un saber que la salvación de la humanidad viene a través de la ciencia. Pero no de una sola ciencia. Si no todas las ciencias a la vez. De todos los países a la vez. La humanidad solo se podrá salvar a si misma si toda la humanidad se quiere salvar a si misma. Mientras no tengamos conciencia de especie, nuestro porvenir será muy oscuro.
No cuento más porque tenéis que leerla. Se lee rápido y espero que os guste como a mí. Aparte de gustos, es una buena novela. Eso no tiene discusión.

Orión: Estudiando la estrella múltiple sigma Orionis

De las constelaciones que hay en el cielo, uno de las que más llama la atención es la de Orión. Es una de esas constelaciones gigantes, cuya figura sí nos recuerda – no como otras – a lo que dice representar, al gigante Orión que está luchando con el Escorpión y acompañado de sus perros. Es una larga historia para contarla aquí y que pueden encontrar en este enlace.

Orión, sin embargo, resplandece en el cielo con varias estrellas y nebulosas que llaman magníficamente la atención. Betelgueuse – esa estrella cuyo no nombre jamás pronunciaremos bien ¿Betelgueus? ¿Bitelchús? – gigante roja dónde las haya, Rigel, con un azul precioso, Bellatrix o las más simbólicas de la constelación, conocidas en Andalucía y otras muchas partes del mundo – como Chile, recuerden La casa de los Espíritus – como Las tres Marías: Alnilam, Alnitak y Mintaka. Luego, M42, la gran nebulosa de Orión, ese lugar donde nacen estrellas y quién sabe si la vida, o la gran nebulosa Cabeza de Caballo.

Orión, constelación sagrada para los egipcios, que marcaban la posición de las pirámides, sigue siendo – además de contemplada por su belleza – observada por los astrónomos profesionales, haciendo trabajos como el que nos presentan hoy, un equipo internacional liderado por españoles y con la participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía, sobre la estrella múltiple sigma Orionis.

Posición de la estrella Sigma Orionis. (Fuente IAA-CSIC)orion_sigma_ori_ilustracion_esp_1920x1169

Hace unos tres millones de años, cientos de estrellas se formaron a partir de una densa nube de polvo y gas en la constelación de Orión (“el Cazador”). La estrella que atrajo la mayor parte de la masa fue sigma Orionis (sigma Ori), hoy la cuarta estrella más brillante del Cinturón de Orión y la que ilumina la célebre nebulosa Cabeza de Caballo. A la vez que sigma Orionis, se formó a su alrededor una gran cantidad de estrellas de diferentes masas, enanas marrones y planetas aislados (objetos con una masa similar a la del planeta Júpiter, pero que flotan libres en el cúmulo estelar). Los objetos más pequeños del Cinturón de Orión tienen diez mil veces menos masa que sigma Orionis.

Conocer con qué frecuencia nacen y evolucionan las estrellas de baja masa, las enanas marrones y los planetas aislados, implica conocer primero qué le ocurre a sus vecinos estelares de gran masa y azules. Con este objetivo, un equipo internacional de astrónomos liderado por los investigadores españoles Sergio Simón-Díaz (IAC/ULL), José Antonio Caballero (CAB, CSIC-INTA), y Javier Lorenzo (Universidad de Alicante), y con participación del Instituto de Astrofísica de Andalcía (IAA-CSIC), ha estudiado con detalle la estrella múltiplesigma Orionis.

Las estrellas de gran masa influyen, entre otras cosas, en nuestra propia composición química, en la distribución espacial de las estrellas, en el diseño de los brazos espirales en las galaxias o, curiosamente, el número de estrellas poco masivas. “Este último efecto -explica Sergio Simón-Díaz, primer autor del artículo- se debe a que las estrellas de baja masa y las enanas marrones (objetos intermedios entre las estrellas más pequeñas y los planetas más grandes) son solo ‘las sobras del banquete` de las estrellas de gran masa”.

La estrella sigma Orionis tiene tres millones de años y es cinco veces más caliente que el Sol. Esta altísima temperatura hace que la estrella tenga un color azulado, en contraste con las estrellas menos masivas, de color rojizo. “En 2011 –recuerda José Antonio Caballero- demostramos que sigma Orionis es en realidad una estrella múltiple que consta de seis estrellas azules en lugar de cinco como se pensaba hasta entonces: dos de ellas son estrellas de gran masa muy próximas, que giran una alrededor de la otra con un período orbital de unos 143 días. Una tercera estrella algo menos masiva orbita a unas 100 unidades astronómicas (100 veces la distancia media entre el Sol y la Tierra) de las anteriores, con un período mucho más largo, de unos 157 años. Finalmente, el cúmulo se completa con otras tres estrellas ligeramente más frías y menos masivas, todo ello acompañado por numerosos restos estelares”.

Ahora, estos investigadores junto con otros once colaboradores en España, Alemania, Chile, EEUU, Bélgica y Hungría, han observado en detalle el trío central de estrellas (sigma Ori Aa, sigma Ori Ab y sigma Ori B) y han medido todos sus parámetros físicos con una precisión sin precedentes. “El período del par más cercano, de aproximadamente 143 días, se ha podido determinar ahora con un error de solo once minutos -señala Simón-Díaz-, lo que hace factible programar observaciones específicas en ciertas fases, por ejemplo, con telescopios espaciales de rayos X en el periastro, es decir, el punto en el que las dos estrellas centrales tienen una separación menor”.

Estrellas “devoradoras”

El estudio también ha permitido determinar de forma precisa las masas de las tres estrellas con diferentes métodos. “En total, la masa del trío supera las cuarenta masas solares”, subraya Simón-Díaz. “Estas determinaciones, junto con observaciones interferométricas en curso, son una excelente entrada para los modelos teóricos que tratan de explicar la estructura y el destino de esas ‘estrellas devoradoras’”.

“Hemos medido también –añade Caballero- el número de fotones de alta energía emitidos por el trío en su conjunto. Esos fotones procedentes de sigma Orionis Aa, Ab y B son los que ‘peinan las crines’ de la Nebulosa Cabeza de Caballo y anuncian el inicio de un nuevo banquete de estrellas de alta masa en la región. En unos pocos millones de años, cuando sigma Orionis Aa (y quizás Ab) explote como una supernova y limpie la región vecina, seguirá existiendo una gran cantidad de estrellas más frías y pequeñas, además de unas pocas estrellas grandes, masivas y muy calientes, que se encontrarán en ese momento inmersas dentro de las nubes cercanas a la Nebulosa Cabeza de Caballo”. Y el ciclo de vida de las estrellas continuará.

Orión, tú, mi dueño, de las noches de invierno del norte y del verano del Sur. #Astronomía

Orión, visto desde el Hemisferio Norte

Llegan las noches frías de invierno, con su viento del norte que afina el aire como el cristal, dejando la atmósfera clara, transparente, como si no existiera.

En las tierras medias del hemisferio norte no nos apetece salir, preferimos quedarnos al calor del hogar. Pero la llamada de las estrellas siempre es más fuerte. Salir al cielo y elevar tus ojos es todo a una. Hay mucha gente que no lo hace, lo sé. Pero quien lo haga la primera vez, no dejará de hacerlo.

En invierno en la mitad norte alguien de Grecia creyó ver entre las estrellas a Orión, el cazador gigante que un día dijo que podía ser capaz de matar a todas las bestias del planeta, y éste, la Madre Tierra se alarmó y le envío un escorpión para que le picase.

Orión sigue en esa carrera eterna en el firmamento huyendo del escorpión acompañado de sus perros. Y aquí, nosotros pequeños humanos tenemos la dicha de poder contemplarlo sólo con el leve gesto de elevar los ojos. 

Pero Orión sólo existe en la mente de los soñadores. Otros, comos los que son sólo capaces de ver átomos y números, no llegan a comprender la maravilla del  universo compuesto.

Orión no existió en el hemisferio Sur. Estaba sí, pero su postura al revés no le simuló a nadie que estaba allí, escondido entre las posturas caprichosas de las constelaciones, esas redes de estrellas imaginarias tejidas en la mente humana.

Es curioso. Orión es el dueño absoluto de las noches invernales del Norte. Y preside también el cielo de las noches de verano del Sur.

Orión es el dueño y señor de los cielos. Quien conoce la astronomía lo sabe.

Betelgueuse la roja y Rigel la azul, o al contrario en el sur. O tendidos en el ecuador. Como el Estrecho de Gibraltar y y el Estrecho del Bósforo.  Extremos del principio y el fin dentro de un universo que nos dicen infinito. Y en el centro, colgando del cinturón, como un Mediterráneo pàrturiento, las estrellas que nacen en la Gran Nebulosa de Orión, llamada también M42 por su número en el catálogo de Messier.

Orión, visto desde el Hemisferio Sur

Seguimos viviendo nuestras vidas aquí abajo. Con un cielo que se le escapa a la mayoría, cegados por las farolas, las prisas y el ignorar el puesto que ocupan en el universo.

Pero nosotros, los elegidos, los que tuvimos el don de recibir la llamada para mirar arriba, sabemos, que en esta época poco hay que hacer. Orión es el dueño.