30 de septiembre de 2007 – Los libros de mi vida

Imagen de Mary Clark en Pixabay
Cuando entro en una casa por primera vez, lo primero que hago es fijarme sí hay libros. Pero libros leídos. Con las pastas gastadas. Los picos doblados. Libros de bolsillo. Libros usados. Eso ya me da una pista del inquilino o inquilina de esa vivienda.

Si no veo libros, veo una casa vacía. Una vez me invitaron a una casa, señorial, del centro de Jerez. Su propietario era muy presumido. Presumía de todo, pero de lo que más presumía era de tener una casa grande de tres plantas, en el centro de Jerez. Presumía de tener mucho dinero. De tener una casa en la playa, de tener dos coches, y de tener una antena parabólica con todos los canales de televisión.

Entré. Un patio precioso. Su escalera, me abrió una puerta, y me dijo: este es el salón. ¿Te gusta, verdad? Contesté con otra pregunta: ¿no tienes libros? .- ¿libros? Tengo uno ahí que compró mi hermano con el Diario de Jerez para una colección de algo de las hermandades, y ahí tengo los apuntes de la carrera. -¿la carrera? Sí, los apuntes, sólo leo lo que me tengo que leer obligado.

Qué triste. Lo que os cuento es verdad. Esta persona vive. Y vive, sin libros.

Yo no podría. No podría vivir sin mis libros. Ellos son mi tesoro, mi única propiedad que llevan plasmados en sí todo lo que yo soy.

El primer libro me lo trajo mi madre. Tenía pocas hojas. Pero era un libro. Mi madre, que llevo ya un año justo sobreviviendo sin ella, me animó a leer. Se sacrificaba en gastarse el dinero para que su hijo tuviera libros, y luego, por las noches me daba una lección de vida. No me olvidaré nunca de esa imagen de mis padres en la cama de matrimonio cuando se acostaban. Cada uno encendía su lamparita, y se ponían a leer. Mi padre, las novelas del Oeste de Marcial LaFuente Estefanía. Mi madre, las novelitas de Corín Tellado. Y yo, yo, les imitaba, porque mis padres me enseñaron desde pequeño, que leer, es una actitud vital, tan necesaria como comer o bañarse.

No leían mis padres grandes obras. Pero leían. Y cuánto se lo agradezco, porque por eso, yo nunca sé lo que es estar aburrido. Me voy a mis libros y cojo cuaquiera, leído ya, y los recuerdo, mientras se me vienen a la memoria los momentos que yo vivía cuando leía aquél libro. Los asocio.

El primer libro que me trajo mi madre era un cuento. El Patito Feo, de Hans Christian Andersen. Me gustó, yo tendría seis o siete años, pero le dije a mi madre: Mamá, tienes las letras muy chicas y pocos dibujitos. Mi madre me trajo a la semana siguiente un libro, más gordo y con dibujitos: con los cuentos de Caperucita Roja, El Gato con Botas y la Ratita Presumida.

Aprendí a amar a la abuelita, a soñar con las comidas de los canastos, con el sabor de las fresas y las frutas del bosque. Aprendí a tener miedo al lobo, y a los sitios solitarios. Soñé con ser el Marqués de Carabás que se bañaba en un lago. Soñé que un gato me hablaba. Soñé que una ratita se enamoraba de mí, y me esperaba todas las tardes en la puerta de su casita, cantando ‘lalara larita, barro mi casita’.

Sé que este escrito suena infantil. Pero es que lo fui, fui infantil, viví rodeado de cuentos, y ese niño que aún perdura en mí, no puedo, ni quiero, arrancármelo de dentro.

Cómo estudiar hoy y no morir distraído en el intento

Foto Pixabay

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Por mi profesión, tengo que estudiar. Pero estudiar, estudiar, lo que ha sido empollar toda la vida. Pasado ya los 50, las circunstancias personales (mi cerebro) y sociales (el mundo) han cambiado mucho. A eso es lo que voy.  En lo años 80, ibas al instituto. La rutina era las clases por la mañana, ver Falcon Crest después de comer, salir a la calle. O no, si era invierno. Ponerte a estudiar o hacer deberes hasta la cena. Veías una película o una serie y a dormir. Yo tenía la suerte de tener una habitación para mí solo. Estábamos mis libros, mi radio casette, yo y nada más. Que tenía que buscar algo que no sabía: ahí estaba la enciclopedia Salvat comprada por mis padres con miles de esfuerzos. Que no lo encontraba, el sábado me iba a la biblioteca municipal. Mi única distracción era el radio cassete cuando paraba la cinta, el darle a grabar alguna canción que me gustara de la radio y mi mente que se distraía con una mosca. Y ya está. Los resultados en los exámenes eran buenos.

Hoy me pongo a estudiar y todo son distracciones. Primero, el móvil, horrible. Lo peor que han podido inventar para el estudio. Hay que quitarlo de en medio. Te distrae mientras estudias los whatsapp, pero lo peor es que cuando terminas de estudiar, te pones a leer lo atrasado y contestar. Te pueden dar las dos de la mañana. Antes tu madre decía si te llamaban al teléfono que estabas estudiando y eso era sagrado. Dígale usted que ha llamado fulanito. Y ya llamabas tú cuando podías. Hoy el whatsapp pita y pita sin parar. Si no contestas, llamada. E incluso videollamada. Es la dictadura de la inmediatez. Dirá usted que me lee ‘póngalo en silencio’. Da igual, lo miras. Hay que apagarlo o mejor, dejarlo en otra habitación.

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Educación para la igualdad y contraeducación religiosa

Pixabay

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Hoy no escribo para opinar. Escribo para preguntar porque no sé cómo se está llevando a cabo (si se lleva) lo que planteo.

La violencia machista, ese terrorismo que vivimos por desgracia en España (y en el mundo) que mata a mujeres a diario por el hecho de serlo o que mata a sus hijos e hijas por el mero hecho de hacerle daño a la mujer, es una de las peores lacras que está soportando nuestra sociedad sin haber conseguido erradicarla aún.

Todo lo que se haga es poco para combatir esta violencia. Por un lado, necesitamos una justicia con unas leyes más justas, mucho más claras, que como ocurre con la experimentación en el método científico, haga que ante un mismo caso, las sentencias sean idénticas.

Por el otro, es la educación nuestra principal aliada para evitar lo que está ocurriendo. Muchos adultos hombres, no todos,  ya son un caso perdido: no van a cambiar su personalidad machista, pero sí podemos acorralarlos, controlarlos, alejarlos de la mujer. Pero con las generaciones venideras sí podemos hacer mucho. Nuestra gente joven serán quienes luchen y venzan al terrorismo machista.

Hoy día se invierte mucho desde el Estado para educar en valores ciudadanos que enseñen que matar o maltratar a una mujer por el hecho de serlo es un crimen y un delito. Todo el profesorado debe  implicarse en llevar estos valores a nuestros jóvenes. Pero dentro de los claustros de los colegios e institutos públicos hay un grupo de personas que tienen una peculiaridad especial: los maestros y maestras de religión, muchos de ellos también a su vez, pastores evangélicos, sacerdotes católicos o imanes islámicos.

¿Se tiene constancia de qué están haciendo desde las clases de las distintas religiones que se dan en los colegios e institutos públicos para combatir la violencia contra la mujer?

Lo pregunto por desconocimiento. Me preocupa mucho esto porque la visión que tienen las distintas religiones sobre la mujer deja mucho que desear en asuntos relativos a los derechos humanos. Un ejemplo sería que la mujer, en la Iglesia Católica no puede acceder a los puestos de responsabilidad (sacerdocio, obispos, etc.) por el simple hecho de ser mujer. La concepción en este caso la podemos considerar de machista. Lo mismo ocurre con las distintas partes de la religión  musulmana. Las más extremas llegan a tener a la mujer tapada con un burka.

¿Qué ofrecen estas religiones como solución, insisto, para combatir los asesinatos de tantísimas mujeres? ¿Qué se habla en estos días sobre la violencia contra la mujer en las clases de religión pagadas por el dinero de todos?

Lo pregunto porque temo la cuestión. Que nadie me mal entienda. Sé perfectamente que nadie va a justificar la violencia contra la mujer, pero sería una contradicción total que mientras el Estado por un lado invierte en educación en valores para luchar contra la violencia machista, por otro, desde instituciones del mismo Estado, las escuelas o institutos, haya personas que den al alumnado una visión no feminista de cómo tiene que ser el comportamiento humano.

Porque una cosa está clara: es con feminismo transversal en cada política cómo se podrá vencer el terrorismo contra la mujer. Y no podemos tolerar que nadie, amparado en una ideología de género, dónde un género predomine sobre el otro por el mero hecho de ser hombres, no aplique el feminismo en sus enseñanzas. A ver qué hacemos con las religiones machistas en las instituciones públicas de un Estado que debe ser feminista para ser justo.

Interinos, Interinas. Qué bien viven los maestros y las maestras.

Mapa-de-Andalucia

Interino,na.  Según la Real Academia de la Lengua Española, dicho de una persona, es quien ejerce un cargo o empleo por ausencia o falta de otro.

¡Qué bien viven los maestros/as! Es un dicho muy conocido, debido a que el profesorado suele tener más vacaciones que el resto de los mortales. Y en verdad es así, si comparamos con el resto del funcionariado andaluz, al que le corresponden 22 días al año, un maestro o maestra tiene muchos más.

Pero ahora, en este tiempo de vacaciones escolares, hay muchos maestros y maestras que se están jugando su destino, su vida familiar y su salud mental en el relleno de las solicitudes para cubrir plazas el curso siguiente. Son los famosos interinos (as).

No se crean ustedes que conseguir una plaza de funcionario docente en la Administración andaluza es fácil, no. Primero, tienes que sacar la carrera y luego ponerte a hacer oposiciones. Oposiciones que si te las preparas por tu cuenta, jamás las vas a aprobar. Necesitas de una buena cantidad de dinero al mes para gastarlo en un preparador o una academia que te ayude a presentarte. Luego, tienes que aprobar. Pero no aprobar con un cinco, que eso es como suspender. Tienes que sacar la mejor nota posible con respecto a la gente presentada. Pues bien, ni con esas, vas a conseguir plaza. Porque resulta que como es un concurso oposición, cuenta la experiencia. Y ¡ay! Si eres nuevo o nueva, de eso no tienes y no puedes competir. Con lo cuál a lo máximo que aspirar es a tener una nota muy alta para conseguir entrar en la bolsa de los interinos. Eso es muy raro que lo consigas hoy a la primera. Más raro aún que lo consigas en tu provincia. Tienes que sacar una nota muy alta, un diez, un nueve, un ocho… menos, no te llamarán nunca. Porque con nota alta te llaman, pero jamás conseguirás plaza, porque un interino que lleve más tiempo que tú, con menos nota, pero con más tiempo de trabajo, te adelanta. Así que tienes que sumar experiencia, o lo que es lo mismo, años a tu vida.

Y Andalucía es ancha, digan lo que digan de Castilla. En un mismo año, con suerte si te llaman, te pueden mandar de Almería a Sevilla y de Sevilla a Granada. Y vas con tu casa a cuestas. Si eres novato o novato, no tienes dinero y no tienes coche. Para que se hagan una idea, en esta Andalucía imparable, de Jerez a Almería, si sales a las cuatro en tren, llegas a las doce de la noche a Almería. Luego, busca alquiler, un techo para dormir.

Ya con el paso de los cursos, a lo mejor consigues una vacante y te quedas un año en el mismo sitio, lo cuál es un alivio. Alivio porque no te mueves, pero puedes estar en Santiago de la Espada, y si eres de Jerez, sólo verás a tu familia en vacaciones.  Y ya, cuando pases los cuarenta años a lo mejor con suerte, salvo excepciones, consigues tu plaza fija. A saber dónde. Y luego, concursas hasta llegar a algún sitio cercano a casa. Pero mientras, tienes tu casa, tu familia, manga por hombro; pareces al gran José Antonio Labordeta con tu país, el andaluz, en la mochila.

Pero hay una cuestión añadida. Que seas interina. Que seas mujer. Porque el tiempo pasa por ti y no perdona. Te has casado y quieres tener hijos. ¿A qué esperas? ¿A tener destino fijo? ¿A parir con cuarenta años? A muchas mujeres las oposiciones se les junta con los embarazos. No soy mujer, pero sé lo que es estudiar y opositar. Debe ser horrible estudiar embarazada. Estudiar pariendo. Estudiar amamantando a un bebé. Y que el bebé te salga sano, porque como tenga problemas, a ver de dónde sacas el cuidado para cuestiones especiales. Porque el papá puede estar en la otra punta del mapa. Y tú, sola. O con tu madre, que te la llevas si tienes suerte. O dejas a tu hijo con ella y lo crías en diferido.

Mientras, nuestros queridos políticos no se ponen de acuerdo en hacer una Ley de Educación con el consenso de todos. La legislación va cambiando. Y lo que que estudiaste ayer, no vale hoy. Porque mañana, habrá otra ley. Así que mejor, pues te las estudias todas porque al final, no sabes por dónde te puede salir el tribunal de oposiciones.

Ya ven. Qué bien viven los maestros y las maestras ¿verdad? ¿Creen ustedes que eso está pagado como lo pagan? Pues eso. He hablado sólo de los maestros y las maestras de la educación pública. Porque los sistemas de selección de personal de la educación en centros concertados privados es otra cuestión. Y no me tiren de la lengua para que escriba sobre los maestros y maestras de religión.

No. Carmena, no. Es la derecha quien está descristianizando España.

Rey negro en la Cabalgata de Madrid - Fuente: Ayuntamiento de Madrid

Rey negro en la Cabalgata de Madrid – Fuente: Ayuntamiento de Madrid

Yo lo sabía, que fuera como fuera la cabalgata de reyes de Madrid, Carmena iba a ser criticada. Era la orden. Lo que pasa es que ¡han hecho tan burdas estas críticas! Desde hace muchos años, más de quince, en mi ciudad, Jerez, siempre hay una reina maga. Y no pasa nada. Además, como bien dice mi amigo Regino Mateo ¿Quién ha dicho que no fueran magas? Los evangelios se refieren a ‘magos’, masculino plural, y la derecha siempre defiende que utilicemos esto para englobar a los dos géneros.

Pero el tema realmente no es la cabalgata. Ni la gran novedad de que un rey negro, negro de verdad y no con la cara pintada, encarne a Baltasar. El tema no es el vestuario, porque se les parece mucho a los que se hace en los barrios de las ciudades, en los pueblos pequeños, donde a los niños y niñas de hoy – más listos que usted y que yo cuando éramos pequeños- no les pasa nada.

El caso es Carmena. Criticar a Carmena. Hundir a Carmena. Quitar de enmedio a esa mujer que nos sacó  del poder y que a pasos agigantados se está ganando la simpatía de la gente corriente. Y no de Madrid sola, sino de España entera.

La acusan de descristianizar España. Y no hay una mentira más gorda que esa. Todo surge del intento perpetuo de la derecha de manipularnos a los que nos consideramos cristianos para que pensemos, que nosotros, somos de los suyos, que ellos están de nuestra parte.

Falso. No hay nada más descristianizador que las políticas de derechas que hemos estado sufriendo en España.

Los desahucios. La corrupción. Los recortes en educación. Los recortes en Sanidad. Los apoyos a las guerras. El ponerse del lado de los bancos y no de los pobres. La inmigración juvenil española en plena diáspora por el mundo. El sufrimiento de las personas dependientes que llegan a morir sin ni siquiera haber recibido los servicios a los que tenía derecho. La homofobia contínua de ciertos sectores. La justificación de la violencia contra la mujer de los mismos ciertos sectores. Y podría seguir escribiendo. Todo esto sí que es descristianizar. Porque las políticas de derechas van contra la propia esencia del cristianismo: amar a tu prójimo.

Y paradójicamente, es lo que hace Carmena. No amar a su prójimo, que no lo sé porque no estoy dentro de ella, pero se le parece. Porque por sus actuaciones en solidaridad, respeto al débil, al inmigrante, su transparencia en la gestión, su interés en hacer las cosas con sentido de la igualdad y la justicia, etc, etc… están mucho más cerca de lo que el cristianismo pregona que de lo que la derecha hace.

¿Que quiere hacer una sociedad laica? me parece estupendo. Los cristianos tenemos nuestros sitios que son nuestra mente, nuestra casas y nuestros templos.

Si te encuentras a un cristiano que no es capaz de valerse con eso, y necesita de montarla en el exterior, es que es un cristiano incapacitado, débil, que necesita justificar públicamente cada movimiento que hace. Exactamente como lo hacían los fariseos.

Bravo por Carmena. Somos muchos los cristianos que apludimos su gestión y nos quedamos ojipláticos cuando leemos de personas que se suponen que tienen fe cristiana ‘No te lo perdonaré jamás’, cuando el perdón, es la moneda de cambio del cristiano. Se ve que la derecha  o no ha entendido nada o sencillamente, nos están tomando el pelo a los cristianos, porque ellos sí que no siguen en nada ni a Cristo ni a su tradición.

¿Qué piensan los partidos políticos españoles hoy de la ley del menor? #20D #Elecciones2015

Clara. San Fernando. Ley del Menor.

Clara. San Fernando. Ley del Menor.

Hoy me he encontrado por casualidad y sin esperarlo, con José Antonio, el padre de Clara, la chica de San Fernando (Cádiz),  asesinada por sus compañeras de colegio en mayo de 2000. No le veía desde hace mucho, cuando estuvo en Jerez luchando por cambiar la Ley del Menor, que permitió que las asesinas de su hija estén hoy en libertad.

Estuvo en Frontera Radio, estuvimos con él recogiendo firmas en la Calle Larga, le acompañamos a entrevistas en los medios… Hoy me lo he vuelto a encontrar y nos reconocimos.

No voy a decir que el dolor es el mismo y es insuperable. Pero me culpo de haber olvidado este asesinato. Me he dado cuenta de pronto que en esta campaña política de ahora ningún partido político ha dicho nada sobre esta ley del menor, que protege a asesinos y los deja impunemente en la calle. Sí, yo soy el primero que piensa que tenemos que proteger a los menores, pero también pienso que nos hemos pasado en nuestro falso progresismo. Que de una punta – la de la falta de respeto a los derechos de los menores – nos hemos ido al otro extremo, donde menores asesinos (¿se debe considerar menor a alguien de 17 años que asesina conscientemente?) quedan impunes de sus actos.

Por eso animo a la ciudadanía a que a cada político que encuentre le pregunte qué piensa sobre la ley del menor y le recuerde el caso de Clara, la chica de San Fernando. Que su nombre tampoco se borre de la memoria.

Relato del crimen.

¿Por qué ponéis las fotos de vuestros hijos/as en vuestros perfiles de whatsapp? #pederastia

La fotografía es de RTVE

La fotografía es de RTVE

He tenido que buscar un contacto entre los muchos que tengo en mi móvil, en mi whatsapp, y me he quedado sorprendido al ver la cantidad de ellos que tengo que son niños o niñas. Hasta bebés tengo.

Claro, me he dado cuenta al instante. Son – supongo – los hijos e hijas de mis contactos. O los nietos y nietas.

A ver . ¿Alguien me puede dar una explicación razonada de por qué hay tanto padre, tanta madre, tanto abuelo, tanta abuela que ponen en sus perfiles en las redes sociales – sobre todo whatsapp y facebook – las fotos de los nenes?

Con la que está cayendo con el tema de la pederastia, el ciberacoso a través de internet, las mafias de fotografías de niños y niñas.. ¿cómo se atreven? ¿No son conscientes de que esas fotografías las puede ver cualquiera? ¿No son capaces de imaginar al peligro que exponen a sus hijos haciendo su imagen pública si tuvieran a un majara que quisieran hacerle daño a los padres a través de sus hijos?

¿No se dan cuenta cuando ven en los medios de comunicación que en las fotografías que hay menores de edad, los rostros de estos de pixelan para que no sean reconocidos?

¿Saben algunos papás y algunos mámas que las fotografías tomadas con el móvil, pueden llevar una cosa llamada ‘geolocalización’ y que es más o menos como decirle al mundo entero dónde vive tu hijo/a?

¿Saben además, que cuando subes una foto del pequeño/a a la red, aunque la borres, ya luego se queda para siempre en las cachés de los servidores?

Y no voy a contar la que se puede montar cuándo un padre o madre separado de su pareja, pone una fotografía del niño/a sin el permiso del otro…

Entiendo el orgullo que pueden tener los mayores de su descendencia, pero ¿no le valdría poner una foto de sus hijos/as de fondo en el móvil? ¡O llevar una foto en la cartera como se ha hecho toda la vida!

Cada vez los perfiles de la gente me recuerdan más a aquellos marquitos de fotos que poníamos en nuestro Renault 5 con la leyenda de ‘Sé prudente’. Veías el coche y decías: Mira, la sagrada familia. 

Ojalá que la responsabilidad acampe en estas familias que hacen exhibicionismos con sus nenes.  Acudan a la Policía para cualquier duda que seguro que se la resolverán.

Y ahora disculpen que termine el artículo, porque tengo que averiguar quién es este contacto que tengo, que para mí, era Antonio, el fontanero, de unos cincuenta años, pero que me sale la carita de un niño de cuatro años. Será su nieto, digo yo. Encantado Antoñito, supongo que te llamarás como tu abuelo.