La nueva homofobia en las redes sociales.

Foto Pixabay

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La homofobia de hoy se ha adaptado a las redes sociales. Ya no te pueden decir tan fácilmente maricón por la calle porque te pueden grabar en vídeo o denunciarte. Insultar no está hoy tan tolerado y el homófobo ha cambiado de estrategia.

Veía los comentarios sobre el estudio provincial hecho por Jerelesgay y estos desprendían esa homofobia. Por un lado, los pocos comentarios. El silencio. El silencio también es homofobia. El callarse. El no denunciar. El mirar para otro lado cuando a una persona se la discrimina por ser gay, lesbiana, transexual o bisexual.

Otro de los recursos del homófobo o la homófoba, que también las hay y muchas, es no comentar nada  de lo que dice el estudio y soltar el mantra de que no está de acuerdo con el ‘lobby’ gay. Realmente, cuando se refiere al ‘lobby gay’ lo que está queriendo decir es que ‘no soporto que gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, visibles, sin complejos, accedan a puestos de poder o reconocido prestigio como jueces, médicos, políticos, etc.’

Otro recurso muy de moda es decir ‘que no estoy de acuerdo con la ideología de género’, que es lo mismo que querer decir ‘no soporto que mujeres y hombres tengan los mismos derechos, que existan políticas que igualen a las personas y sobre todo, que pongan a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales al mismo rasero que los que somos normales’.

Con esto consiguen, además del acto homofóbico, que la gente no lea el contenido del artículo periodístico y se enfrasquen en lo que quieren los homófobos: el follón y desprestigiar al colectivo LGTBI.

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Visibilidad homosexual en los cargos oficiales #LGTBI

Gobierno Pedro Sánchez - (c) La Moncloa

Gobierno Pedro Sánchez – (c) La Moncloa

El que una persona sea homosexual, bisexual, transexual, no le da más capacidad o menos para hacer lo que hace todo el mundo. La sexualidad no influye en tus habilidades. Por lo tanto, no es un dato importante a la hora de realizar un trabajo.
Hago esta reflexión al caso de que nos hemos encontrado en el nuevo gobierno socialista con dos ministros abiertamente gays.
¿Y a mí que me importa? Dirá más de uno. Es algo que irrelevante, que no tendrían ni que contar, dirán otros.
Pues bien, es verdad, no debería nadie en su profesión tener quedar explicaciones de su sexualidad, pero en el caso de los ministros, yo pienso que no está mal que lo hagan.
La visibilidad de la homosexualidad es muy importante para todas las personas que son homosexuales y tienen que asumir que lamentablemente y a pesar de todo lo que se ha avanzado en España, son ‘distintos’ al resto de la población y serán víctimas del rechazo y la homofobia por una parte de la población, cada vez más pequeña, pero que hace mucho ruido. Recuerden el autobús naranjito.
Frente a los casos de crítica, el ver que otras personas llegan a puestos tan altos, anima al homosexual a salir del armario ante su familia, compañeros de trabajos, etc…
Un ministro homosexual era impensable en los años 50. Hoy, ya se puede. Es un gran paso y hay que agradecerles su visibilidad porque abren camino.
Pero queda mucho por andar. ¿Para cuándo ministras lesbianas? La mujer lesbiana se enfrenta a una doble discriminación. La que ya lleva implícita por ser mujer y de regalo, la que lleva por ser lesbiana.
El caso de la diputada madrileña Carla Antonelli ha llevado también la dignidad de las personas transexuales muy alto.
Tenemos que agradecer, insisto, esta visibilidad para ayudar al resto, Ser un personaje público tiene esas.
No os podéis imaginar lo mal que se pasa en el armario. Hace poco me encontraba con la ex concejala jerezana Antonia Asencio. Siempre que la veo se lo recuerdo. Cuando yo tenía 20 años (año 1985) estaba en el armario. Una de las consecuencias de estar en el armario es que no conoces a gente como tú. Me ayudó mucho llamar a aquél teléfono de información sexual y que ella me atendiera. Me puso en contacto con asociaciones. Pude conocer gente y pude darme cuenta de que ni era el único ni que era un bicho raro.
Hemos adelantado mucho desde aquellos años hasta hoy. Pero aún queda mucho por avanzar.
Por ejemplo, es labor del nuevo gobierno el ilegalizar – qué iluso soy – o por lo menos, quitar todo tipo de ayudas públicas a las organizaciones que no admiten a personas homosexuales en su seno y en sus áreas de gobierno por el mero hecho de serlo.
La gente LGTBI siempre vamos de la mano de las mujeres, que nos abren el camino con su feminismo. De hecho, el origen de la homofobia a los gays, es que ‘nos parecemos a las mujeres’. También el gobierno debe ir contra las organizaciones que impiden acceder a su entidad a mujeres u otras organizaciones similares, que sí aceptan mujeres pero le impiden llegar a los órganos de gobierno. Eso pasa hoy en España en 2018 y nadie mete mano a este asunto. Si, todos y todas estamos pensando en las mismas organizaciones: las religiosas. Pero no ha habido todavía valentía para que se nos respete la igualdad de derechos para todas las personas. Espero que algún día la haya.

Los silencios cómplices

Silencios cómplices

Silencios cómplices

Hazte Oír y su autobús le está haciendo un daño inmenso a la nueva imagen de la Iglesia Católica que pretende dar el Papa Francisco.

El Papa Francisco ha dejado la rigidez moralista de Juan Pablo II sobre la transexualidad con una opinión que hizo temblar a muchos ultras dentro de la Iglesia. En el viaje de regreso desde Gergoia y Azerbaiyán a finales de 2016 el Papa dijo:

“El año pasado recibí una carta de un español que me contaba su historia de niño y de joven. Era una niña, una niña que había sufrido mucho, porque él se sentía chico, pero físicamente era una chica. Se lo contó a su mamá -ya de 22 años- le dijo que quería hacer una operación quirúrgica y todas estas cosas. Y la mamá le pidió que no lo hiciera mientras ella estuviera viva. Era anciana, y murió poco después. Se hizo la operación, es empleado en un ministerio de una ciudad de España”.

“Fue a ver al Obispo: el Obispo lo ha acompañado tanto. Un buen Obispo: “perdía” tiempo – perdía entre comillas – para acompañar a este hombre. Y después se casó; cambió su identidad civil, se casó y me escribió una carta que para él habría sido un consuelo venir con su esposa: él, que era ella, pero es él. Y los recibí. Estaban contentos. En la colonia en donde él vivía había un viejo sacerdote, de ochenta años, el viejo párroco, que había dejado la parroquia y ayudaba a las monjas, allí en la parroquia… Y había uno nuevo. Cuando el nuevo párroco lo veía, le gritaba desde la banqueta: “¡Te vas a ir al infierno!”. Cuando se encontraba con el viejo, le decía: “¿Desde hace cuánto no te confiesas? Ven, ven, vamos que te confieso y podrás tomar la Comunión. ¿Has entendido? La vida es la vida, y hay que tomar las cosas como vienen. El pecado es el pecado. Las tendencias o los desequilibrios hormonales dan muchos problemas y debemos estar muy atentos a no decir: “Todo es lo mismo, hagamos fiesta”. No, esto no”.

“Cada caso hay que acogerlo, acompañarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que haría Jesús hoy. Por favor, no digan: “¡El Papa santificará a los trans!”. Por favor ¿eh? Porque ya estoy viendo las primeras páginas de los diarios. No, no. ¿Hay alguna duda en lo que he dicho? Quiero ser claro. Es un problema moral. Es un problema. Es un problema humano. Y se debe resolver como se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, como hemos hablando en el caso del matrimonio, leyendo toda la [Exhortación apostólica] Amoris Laetitia, pero siempre así, pero siempre con el corazón abierto.

Algo muy lejano como podemos ver de la postura tránsfoba de Hazte Oír, organización que se considera ‘cristiana’.

El arzobispado de Madrid, con Osoro a la cabeza y de la misma cuerda del Papa (y en las antípodas del resto de la Conferencia Episcopal) ha desvinculado muy claramente a la Iglesia del autobús naranja.

En el semanario Alfa y Omega el arzobispado también se pronuncia:

El bus tránsfobo de HazteOir es “una iniciativa de un grupo que no representa a la Iglesia, aunque quiera presentarse como la voz de una parte de los católicos. Y eso es un problema serio”. El semanario de la Archidiócesis de Madrid, Alfa y Omega, sacude una dura andanada contra los grupos ultracatólicos en su editorial de este jueves.

En el mismo, que lleva por título “Dejemos a los niños en paz”, la revista –que se distribuye todos los jueves con el diario ABC– subraya que “es evidente que en la trinchera hay oportunidades de negocio”, pero advierte que “la comunidad católica debería resistirse a los cantos de sirena de quienes se erigen en paladines de la pureza doctrinal con propuestas que más tienen que ver con la toma del poder al asalto que con convencer al otro con razones y testimonios de vida”.

Para el semanario católico, “campañas como la del autobús solo consiguen fortalecer en sus posiciones a quien piensa de forma distinta y generan división entre los católicos. Por eso resultan contraproducentes, salvo que el objetivo real sea instrumentalizar reivindicaciones nobles como la libertad educativa para aumentar la propia capacidad de influencia social”.

Lleva razón el arzobispado: el autobús divide a los católicos. Entre ultras y progresistas. O lo que es lo mismo. Los partidarios de Francisco y sus contrarios, porque realmente todo esto es un pulso de poder utilizando a las personas transexuales de por medio.

Pero lo que más inquieta son los silencios. Los silencios de los obispos nos lo imaginamos. Valen más que mil palabras. Pero ¿Y el silencio de sacerdotes y diáconos, y especialmente, de hermanos mayores de cofradías en Andalucía?

Esta división entre católicos, esta guerra continua a diaria contra el mundo homosexual por una parte muy escandalosa de la Iglesia, donde hace que cada día te levantes con un titular homófobo por parte de católicos, me consta que está inquietando a mucha gente comprometida por la Iglesia. Son ya varias y cada vez más numerosas las personas que se dirigen a mí e intentan convencerme que la Iglesia Católica, que toda la Iglesia no es así y me ponen de ejemplos y testigos vivos que sí están comprometidos con los derechos de las personas homosexuales. No hace falta que me lo cuenten, yo lo sé. Pero no son ellos quienes tienen que partir la lanza a favor de la Iglesia. No son suficientes. Son los sacerdotes y los diáconos, hermanos mayores y resto de representantes de la Iglesia,  quiénes tienen que dar el paso y decir verdaderamente lo que piensan. ¿Qué tiene el párroco que decirle a las personas transexuales y homosexuales que están en su parroquia? ¿Por qué no hablan? ¿Les puede más el miedo a perder sus privilegios o a enfrentarse a un obispo que el defender la verdad y la justicia? ¿No fue con estos enfrentamientos, y recuerdo ahora a Teresa de Jesús o San Juan Bosco, como la Iglesia avanzó y sobrevivió a lo largo de los siglos? ¿No son capaces de medir que la Iglesia se muere porque no es capaz de engendrar nuevos sacerdotes? ¿no son conscientes que han convertido el campo sembrado de semillas de mostaza en un campo estéril? ¿No tienen estos sacerdotes y diáconos absolutamente nada que decir sobre el dichoso autobús? ¿Con quienes éstán? ¿Están con Jesús, o contra Jesús? ¿O acaso prefieren vivir entre los tibios (Ap 3,15-16)? Sus silencios les hace cómplices.

Dios y el Dios Magufo

Dios y el Dios magufo

Dios y el Dios magufo

Leo que un torero dice que Dios desvió el pitón del toro para salvarle la vida. Y cómo creyente no puedo dejar de hacerme la pregunta de que en qué Dios puede creer ese hombre que hace esas cosas. Desviar el pitón del toro y no salvar la vida de tantas víctimas de la guerra, por ejemplo.

En estos tiempos en que los ultracatólicos tienen la piel tan fina que se sienten ofendido hasta por un estornudo, yo, como creyente, sí que me siento ofendidos por ellos por cuestiones como ésta. Porque a mí, no me puede ofender un ateo o un agnóstico, ya que ellos no creen. A mí quién me ofende de verdad, es quien dice creer en lo que yo creo y luego tergiversa las cosas de una manera que parecen hasta demoníacas.

Porque ¿en qué dios creen? y ahora lo pongo en minúsculas. ¿Dónde han dado la catequesis esta gente? ¿Dónde se han formado como cristianos?

Asisto asombrado a emisoras de radio, que se llaman a sí mismas religiosas,  donde personas enfermas y desesperadas piden que pongan bajo el manto de la Virgen (¿Qué manto? ¿qué manto llevaban las judías de hace dos mil años?) a fulanito o fulanita para que se cure o que encuentren trabajo. ¿Pero qué esto? ¿Y si la rogativa no se cumple y muere la persona? ¿y si la petición no sirve y la persona sigue en paro? ¿El que pide tiene que asistir con resignación cristiana a que no se cumplan sus peticiones? ¿ o tiene que perder la fe?.

Lo más seguro es lo segundo, que pierda la fe. Porque estas actuaciones de las iglesias están más cercanas a la superchería, a los programas nocturnos de echadores de cartas, que a lo que debe – o mejor dicho – a lo que siente alguien que se denomina cristiano.

De la superchería pasamos a la adoración de imágenes. ¿Qué es eso de que mi Cristo es más bonito que el tuyo? ¿Qué es eso de entrar en un templo e ir la gente derechita a su Cristo, su Jesús, su Virgen y pasar completamente del Sagrario que es para los católicos el sitio donde verdaderamente está Jesús?

No. La culpa no la tiene la gente. Son víctimas de una mala educación religiosa. Esa educación que debería darse en los templos pero que están empeñados en darlas en las aulas, por ese afán de poder, de estar presente en lo público a la fuerza. Y a la vista están los resultados. El clero está más pendiente de la infancia, de los homosexuales, de la mujer o de Unidos Podemos que estar a lo que tiene que estar.

Todo esto demuestra una carencia total de esfuerzo por parte del clero de hoy día. No educan. No ilusionan. No convencen. Van a lo fácil y no a doblar el lomo. Es mucho más cómodo montar una procesión, hacer una fiesta que coger el Evangelio y decir: venga, vamos a arremangarnos, que el Señor necesita obreros para sembrar la mies.

Qué triste ver en lo que se ha convertido el cristianismo, y especialmente, la Iglesia Católica hoy.

Sólo queda una luz de esperanza llamada Francisco que tiene la casi imposible tarea de desatar todo lo atado por uno de los papados más nefastos, sobre todo por lo largo,  de la Historia: el de Juan Pablo II que diluyó la alegría del Concilio Vaticano II en lo que tenemos hoy: un funcionariado clerical con una asamblea zombi, que anda sin rumbo, como ovejas sin pastor.

Queda poco para el aniversario del asesinato de Oscar Romero, el santo invisible para muchos. Ojalá que su testimonio perdido sea como la semilla de mostaza y Francisco pueda tener fuerzas y tiempo para regarla para que crezca y le dé a la cristiandad la alegría que tanto le hace falta y la limpie de odios, machismos, homofobias, capitalismos y tantos y tantos pecados que la crucifican cada día.

La nueva guerra.

El asesinato del sacerdote franceś es un salto cualitativo del Estado Islámico. Es una provocación a todo el orbe católico.

El asesinato del anciano sacerdote francés es un salto cualitativo del Estado Islámico. Es una provocación a todo el orbe católico. Provocar una guerra entre religiones.

Vivimos en el Presente y todo nos parece extremadamente lento. Sin embargo, cogemos un libro de Historia y vemos que cada hecho, cada cosa que ocurre, está enclavado en algún punto de nuestra manera de contar las cosas que pasan. La Primera Guerra Mundial, el periodo de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, el desplome de la Unión Soviética… ¿Dónde estamos ahora? ¿Cómo llamarán los estudiantes de dentro de cien años a esta época que nos ha tocado vivir? ¿Estamos en guerra ahora? Lo parece. Sólo que no es una guerra como las de antes. Pero atención, cuando pregunto si estamos en guerra, me refiero a nosotros, a España, a Europa. En otros sitios, como Oriente Medio o África, la guerra parece ser eterna.

Estamos últimamente sobresaltados con continuos atentados del Estado Islámico, el ISIS o el Daesh. Ponerle tantos nombres al enemigo creo que es un error, nos dispersa. Son atentados bárbaros. Y eso que en España estábamos hechos a las barbaridades de ETA. Pero aquí la tortura sube a niveles extremos. Degollamientos, crucifixiones, ahogamientos, lanzamientos desde las alturas. Salvajismo puro y duro. Y hay víctimas, muchos tipos de víctimas.

Por supuesto, las primeras víctimas son los muertos, los heridos, sus familias y sus seres queridos que son los que sufren en primera persona los ataques.

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Aniversario de las bodas homosexuales.

Créditos: masterdesigner https://goo.gl/DNM276

Dentro de poco , se celebrará el aniversario de la modificación del Código Civil que permitía las bodas (que no bodas gays como suelen nombrar determinados medios de comunicación) entre personas del mismo sexo, que fueron legalizadas el 3 de julio de 2005.
Por aquél tiempo tuve un debate con un señor, casado, católico, muy conservador que estaba en contra del matrimonio homosexual. El decía que la familia estaba en peligro. Después de pasado todo este tiempo, me pregunto qué habrá sido de él. Desde que el PSOE perdiera las elecciones y entrara a gobernar el Partido Popular, este hombre calló de pronto.
¿Habría dejado de interesarle ya el tema de la familia? ¿Dejó ya de hacer ruido puesto que gobernaba ya el partido que él quería y que nunca decía? Uno de sus argumentos era “Yo no soy político ni entiendo de política, sólo defiendo a la familia”. Y un cuerno, pensaba yo en mis adentros. Tú eres más político que un diputado del Congreso y haces política a favor de quienes todos sabemos, lo que pasa que tu estrategia es esa.
Esas preguntas me las hacía y me las hago. ¿Dónde se habrá metido? Creo que estaba casado con una señora y tenía tres hijos. Me gustaría volverlo a ver y preguntarle qué tal le ha ido. ¿Sigue su familia en pie? ¿Fue su familia destruida como por un rayo después de la aprobación de la ley? ¿Se casó algún amigo, pariente o conocido suyo con alguien de su mismo sexo y murió de un infarto? O peor. ¿Tuvo tentaciones gays? ¿Se contagió de lo gay y abandonó a su familia para divorciarse y ser una de las estrellas más grandes de los sitios de ambiente?
¿Qué sería de él? Y generalizo. ¿Qué habrá sido de todas aquellas familias que salían en procesión manifestación en Madrid en defensa de la familia? O mejor dicho de su modelo de familia, porque siendo claros, no hay mayor destructor de la familia nuclear que algunos sacerdotes (muchos iban en manifestación) que abandonan a su familia para servir a la Iglesia quedando sus familiares a cargo de otras personas o de nadie, porque ellos ya no se pueden ocupar por “servir” a Jesús.
¿Se separaron? ¿Fueron destruidas? ¿Descendió la natalidad?
No. No pasó nada. No sé que les pasaría a ellos. Pero al resto, a los normales, a los comunes, a los que amamos sin normas establecidas por dioses, libros mitológicos o imposiciones, no nos ha sucedido nada.
O sí. Sí, en verdad, sí nos sucedió.
Nos ocurrió que somos más libres. Que tenemos más derechos. Pero no crean que más que los demás. Me refiero a que tenemos más derechos que los que teníamos antes y que nos IGUALA con el resto de la población de España. Claro, claro que nos pasó. Nos pasó que nos legalizaron nuestra familia. Porque nosotros, los que nos casamos o nos hacemos pareja de hecho y somos del mismo sexo, ya somos iguales en derechos. Que parece poco pero es mucho. Ya no estamos condenados a por ejemplo, tener que trabajar el día que muere tu pareja porque no te daban permiso en el trabajo para ir a su entierro. (Cruel ¿eh? Pues esa es la España que el Partido Popular quería mantener con su recurso contra el matrimonio homosexual). Ya no estamos condenados a no poder acompañar a nuestra pareja al médico o en el hospital. Ya tenemos derecho a ser viudos o viudas y cobrar una pensión por la que cotizamos como todo el mundo. Tenemos derecho a una luna de miel. Y muchas cosas más como el resto de la gente.
Los años han demostrado que las parejas homosexuales no han acabado con la familia tradicional heterosexual. Ellos siguen con sus divorcios, sus felicidades y sus historias. Nosotros igual, con nuestros divorcios, nuestras historias y nuestra mayor felicidad. Y digo mayor porque la apreciamos más porque un día no la tuvimos. Ojalá que pase el tiempo y llegue una generación en que este tipo de homofobia sólo sea historia. Desde aquí, mi felicitación a todas las parejas homosexuales que disfrutan de su matrimonio y mi recuerdo a todos aquellos que murieron sin poder hacerlo, pensando que todo era un sueño lo que hoy es una realidad, le pese a quien le pese.