Cuando la señora de derechas lloró.

Foto: Pixabay

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Estaba ella cómoda en su sillón tomando el postre, cuando éste se le atragantó al enterarse que en la costa de Cádiz había aparecido el cadáver de un niño que había intentado cruzar el Estrecho de Gibraltar. El que fuera una señora de derechas y como Dios manda no implica que no tuviera corazón ni sentimientos, ni que fuera dura como el acero.

La imagen del pequeño sirio en la playa volvió a su cabeza, aunque en esta ocasión no hubo fotos. Es más, la noticia llegó como tarde. Y poco a poco, llegó su nombre: Samuel. Luego, el de su madre: Verónica. Nombres muy poco musulmanes, por cierto.

Y lloró. No pudo reprimir las lágrimas por saber que en la misma playa que ella se baña en verano y pasea con su velero, se ha convertido en un cementerio donde adultos y niños se dejan la vida.

No, no es justo. Recordaba la última misa del domingo y las últimas de navidades. Cuando la sagrada familia huía de Egipto para que no mataran a Jesús. En el fondo es lo mismo, pensó. Huyen de la muerte y a la muerte encuentran sea en el mar o el desierto.

Dejó de comer y apagó la televisión. Estaba impactada pensando en por qué le dolía la muerte tanto y en que injusta era ella misma al quedarse en estado de schock sólo porque la muerte infantil había sido a pocos kilómetros de casa.

Se fue a su oratorio y rezó y pidió perdón por el alma de Samuel, de sus padres, de todos los muertos que cruzan el Estrecho de Gibraltar. De todas las víctimas de la guerra. Se acostó también rezando hasta que se quedó dormida.

Al otro día, se levantó y volvió a hacer sus tareas cotidianas. Leer la información del día y repartir a diestro y siniestro los whatsapp que le mandaban sus amigas. Siguió criticando a la izquierda poniendo su típica cara de escandalizada, siguió defendiendo la reforma laboral y las políticas que han traído esta crisis económica, negando con la cabeza cada vez que escuchaba a los familiares de las víctimas del Yakolev, siguió mandando mensajes contra el lobby gay,  siguió apoyando la construcción de un muro metálico en Ceuta y Melilla con sus concertinas, siguió dando publicidad a las bonanzas de las políticas restrictivas para acoger inmigrantes, siguió criticando a la religión musulmana y la construcción de mezquitas, siguió olvidando al pueblo saharahui, siguió boicoteando a los catalanes, siguió yendo a misa… y en resumen, siguió siendo una señora de derechas. Eso sí, una vez lloró.

¿Por qué ponéis las fotos de vuestros hijos/as en vuestros perfiles de whatsapp? #pederastia

La fotografía es de RTVE

La fotografía es de RTVE

He tenido que buscar un contacto entre los muchos que tengo en mi móvil, en mi whatsapp, y me he quedado sorprendido al ver la cantidad de ellos que tengo que son niños o niñas. Hasta bebés tengo.

Claro, me he dado cuenta al instante. Son – supongo – los hijos e hijas de mis contactos. O los nietos y nietas.

A ver . ¿Alguien me puede dar una explicación razonada de por qué hay tanto padre, tanta madre, tanto abuelo, tanta abuela que ponen en sus perfiles en las redes sociales – sobre todo whatsapp y facebook – las fotos de los nenes?

Con la que está cayendo con el tema de la pederastia, el ciberacoso a través de internet, las mafias de fotografías de niños y niñas.. ¿cómo se atreven? ¿No son conscientes de que esas fotografías las puede ver cualquiera? ¿No son capaces de imaginar al peligro que exponen a sus hijos haciendo su imagen pública si tuvieran a un majara que quisieran hacerle daño a los padres a través de sus hijos?

¿No se dan cuenta cuando ven en los medios de comunicación que en las fotografías que hay menores de edad, los rostros de estos de pixelan para que no sean reconocidos?

¿Saben algunos papás y algunos mámas que las fotografías tomadas con el móvil, pueden llevar una cosa llamada ‘geolocalización’ y que es más o menos como decirle al mundo entero dónde vive tu hijo/a?

¿Saben además, que cuando subes una foto del pequeño/a a la red, aunque la borres, ya luego se queda para siempre en las cachés de los servidores?

Y no voy a contar la que se puede montar cuándo un padre o madre separado de su pareja, pone una fotografía del niño/a sin el permiso del otro…

Entiendo el orgullo que pueden tener los mayores de su descendencia, pero ¿no le valdría poner una foto de sus hijos/as de fondo en el móvil? ¡O llevar una foto en la cartera como se ha hecho toda la vida!

Cada vez los perfiles de la gente me recuerdan más a aquellos marquitos de fotos que poníamos en nuestro Renault 5 con la leyenda de ‘Sé prudente’. Veías el coche y decías: Mira, la sagrada familia. 

Ojalá que la responsabilidad acampe en estas familias que hacen exhibicionismos con sus nenes.  Acudan a la Policía para cualquier duda que seguro que se la resolverán.

Y ahora disculpen que termine el artículo, porque tengo que averiguar quién es este contacto que tengo, que para mí, era Antonio, el fontanero, de unos cincuenta años, pero que me sale la carita de un niño de cuatro años. Será su nieto, digo yo. Encantado Antoñito, supongo que te llamarás como tu abuelo.