¡Necesitamos inmigrantes!

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Yo pertenezco a la generación conocida como baby boom, que somos los nacidos entre 1960 y 1975 en España, más o menos. A día de hoy, yo me jubilaría en 2032, pero poquito a poco nos llegan noticias, que no salen en portada ni entre otras noticias más importantes, como una aguita que cala poco a poco, con mensajes subliminares, de que no hay dinero para pensiones, que vamos a tener que jubilarnos más tarde, que si las pensiones tendrán que ser mixtas, la mitad pagada por el Estado y la otra mitad por un plan de pensiones privado (si se tiene, claro) etc.

Miren. En primer lugar, nuestras pensiones no deben depender de los impuestos. La hemos estado pagando a lo largo de nuestra vida laboral con nuestras cotizaciones. Si ustedes, señores políticos que nos gestionan, no tienen dinero ahora, búsquenlo. El dinero no desaparece. Sólo cambia de sitio. Pregunten por quien lo tiene y cuando lo sepan, pídanle el dinero. Y si no lo quieren dar, se lo quitan. Que es nuestro: de los pensionistas y de los futuros pensionistas.

Pero vista la experiencia y lo malos que son nuestros políticos gestionando, sí nos conviene recoger impuestos por lo que pueda pasar. Y ahí nos encontramos con el problema. La pirámide poblacional es clara. Desde los años 80, la población no deja de descender y cada vez somos menos jóvenes y más ancianos. Esta es la causa más clara y real de que España necesitará de personas extranjeras si queremos mantener no ya nuestro sistema público de pensiones tal como lo conocemos, sino el resto de servicios públicos como pueden ser la sanidad y la educación.

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30 de septiembre de 2007 – Los libros de mi vida

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Cuando entro en una casa por primera vez, lo primero que hago es fijarme sí hay libros. Pero libros leídos. Con las pastas gastadas. Los picos doblados. Libros de bolsillo. Libros usados. Eso ya me da una pista del inquilino o inquilina de esa vivienda.

Si no veo libros, veo una casa vacía. Una vez me invitaron a una casa, señorial, del centro de Jerez. Su propietario era muy presumido. Presumía de todo, pero de lo que más presumía era de tener una casa grande de tres plantas, en el centro de Jerez. Presumía de tener mucho dinero. De tener una casa en la playa, de tener dos coches, y de tener una antena parabólica con todos los canales de televisión.

Entré. Un patio precioso. Su escalera, me abrió una puerta, y me dijo: este es el salón. ¿Te gusta, verdad? Contesté con otra pregunta: ¿no tienes libros? .- ¿libros? Tengo uno ahí que compró mi hermano con el Diario de Jerez para una colección de algo de las hermandades, y ahí tengo los apuntes de la carrera. -¿la carrera? Sí, los apuntes, sólo leo lo que me tengo que leer obligado.

Qué triste. Lo que os cuento es verdad. Esta persona vive. Y vive, sin libros.

Yo no podría. No podría vivir sin mis libros. Ellos son mi tesoro, mi única propiedad que llevan plasmados en sí todo lo que yo soy.

El primer libro me lo trajo mi madre. Tenía pocas hojas. Pero era un libro. Mi madre, que llevo ya un año justo sobreviviendo sin ella, me animó a leer. Se sacrificaba en gastarse el dinero para que su hijo tuviera libros, y luego, por las noches me daba una lección de vida. No me olvidaré nunca de esa imagen de mis padres en la cama de matrimonio cuando se acostaban. Cada uno encendía su lamparita, y se ponían a leer. Mi padre, las novelas del Oeste de Marcial LaFuente Estefanía. Mi madre, las novelitas de Corín Tellado. Y yo, yo, les imitaba, porque mis padres me enseñaron desde pequeño, que leer, es una actitud vital, tan necesaria como comer o bañarse.

No leían mis padres grandes obras. Pero leían. Y cuánto se lo agradezco, porque por eso, yo nunca sé lo que es estar aburrido. Me voy a mis libros y cojo cuaquiera, leído ya, y los recuerdo, mientras se me vienen a la memoria los momentos que yo vivía cuando leía aquél libro. Los asocio.

El primer libro que me trajo mi madre era un cuento. El Patito Feo, de Hans Christian Andersen. Me gustó, yo tendría seis o siete años, pero le dije a mi madre: Mamá, tienes las letras muy chicas y pocos dibujitos. Mi madre me trajo a la semana siguiente un libro, más gordo y con dibujitos: con los cuentos de Caperucita Roja, El Gato con Botas y la Ratita Presumida.

Aprendí a amar a la abuelita, a soñar con las comidas de los canastos, con el sabor de las fresas y las frutas del bosque. Aprendí a tener miedo al lobo, y a los sitios solitarios. Soñé con ser el Marqués de Carabás que se bañaba en un lago. Soñé que un gato me hablaba. Soñé que una ratita se enamoraba de mí, y me esperaba todas las tardes en la puerta de su casita, cantando ‘lalara larita, barro mi casita’.

Sé que este escrito suena infantil. Pero es que lo fui, fui infantil, viví rodeado de cuentos, y ese niño que aún perdura en mí, no puedo, ni quiero, arrancármelo de dentro.

Cómo estudiar hoy y no morir distraído en el intento

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Por mi profesión, tengo que estudiar. Pero estudiar, estudiar, lo que ha sido empollar toda la vida. Pasado ya los 50, las circunstancias personales (mi cerebro) y sociales (el mundo) han cambiado mucho. A eso es lo que voy.  En lo años 80, ibas al instituto. La rutina era las clases por la mañana, ver Falcon Crest después de comer, salir a la calle. O no, si era invierno. Ponerte a estudiar o hacer deberes hasta la cena. Veías una película o una serie y a dormir. Yo tenía la suerte de tener una habitación para mí solo. Estábamos mis libros, mi radio casette, yo y nada más. Que tenía que buscar algo que no sabía: ahí estaba la enciclopedia Salvat comprada por mis padres con miles de esfuerzos. Que no lo encontraba, el sábado me iba a la biblioteca municipal. Mi única distracción era el radio cassete cuando paraba la cinta, el darle a grabar alguna canción que me gustara de la radio y mi mente que se distraía con una mosca. Y ya está. Los resultados en los exámenes eran buenos.

Hoy me pongo a estudiar y todo son distracciones. Primero, el móvil, horrible. Lo peor que han podido inventar para el estudio. Hay que quitarlo de en medio. Te distrae mientras estudias los whatsapp, pero lo peor es que cuando terminas de estudiar, te pones a leer lo atrasado y contestar. Te pueden dar las dos de la mañana. Antes tu madre decía si te llamaban al teléfono que estabas estudiando y eso era sagrado. Dígale usted que ha llamado fulanito. Y ya llamabas tú cuando podías. Hoy el whatsapp pita y pita sin parar. Si no contestas, llamada. E incluso videollamada. Es la dictadura de la inmediatez. Dirá usted que me lee ‘póngalo en silencio’. Da igual, lo miras. Hay que apagarlo o mejor, dejarlo en otra habitación.

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El alcoholismo, esa adicción tan aceptada socialmente y tan asesina

Alcoholismo

Alcoholismo

Hace unos días, estando en la cola del supermercado, una niña, con uniforme de colegio religioso, pidió permiso para pasar ya que sólo llevaba un artículo. El artículo era una botella de Vodka. Creo que no fui yo sólo el que se sorprendió al ver a la niña con semejante bebida alcohólica de tanta graduación. Además, no era hora para salir de ‘botellón’. La ‘niña’ presentó su carnet en caja y no era tal niña. 18 años por lo menos.
Pero reflexiono esto desde mi lugar, donde conozco muy bien los efectos que produce el exceso de consumo de alcohol. He visto a familiares y conocidos morirse literalmente por el alcoholismo. Pero no fue una muerte súbita, no. Porque el alcohol te mata, pero antes te va minando por dentro, destrozando a la persona adicta y a todo su círculo familiar y cercano.
Vivimos en una ciudad complicada para evitar el consumo de alcohol. Nuestra industria más importante fue y casi es, el vino. Que con moderación no es malo, pero en exceso, es cruel. En nuestra Feria podemos verlo de la manera más brutal.
Nadie sabe lo que es el alcoholismo hasta que le toca. El alcoholismo me parece de una gravedad extrema que esta sociedad parece no querer ver. Es más. Es de guays salir en nuestras fotos en las redes sociales con nuestras copas, nuestras cervezas, nuestros vinos, etc.
Sabemos el daño que hace. La mayoría de los accidentes de tráfico vienen por consumo de alcohol al volante. Pero no veo campañas contra el alcoholismo en sí, al igual que se ha hecho con otro veneno, el tabaco. Las campañas de si bebes, no conduzcas, van dirigidas a evitar el accidente de tráfico, pero no a que la persona no beba.
De hecho, en la campaña electoral última ¿Han oído ustedes algún debate sobre el consumo de alcohol, el tabaco o las drogas en general?.
No sé cuál es la solución. No creo que prohibir sirva para algo. Quizás poner en las botellas fotografías y textos avisando de las consecuencias del alcoholismo, al igual que se hace con el tabaco. Tampoco sé si funcionaría el sistema sueco de solo vender alcohol en establecimientos del Estado, los famosos Systembolaget, que sólo abren a una hora determinada. O poner unidades de ayuda a las personas con alcoholismo en los Centros de Salud, al igual que ocurre, otra vez, con las unidades contra el tabaquismo.
La verdad, digo que no lo sé. Supongo que todo tendrá que venir desde la educación en los colegios hasta una buena campaña educativa por prensa, televisión, etc…
Pero imagino que también nos vamos a enfrentar a la industria de bebidas alcohólicas que obviamente pondrán sus reparos.
Repito, no lo sé. Pero no podemos consentir que esta sociedad española viva de espaldas a un problema tan difícil y duro como es el alcoholismo.
Aquí os dejo un informe del Defensor del Pueblo Andaluz sobre el alcoholismo en la juventud andaluza de 2017. Échense a temblar.

Guía cristiana para votar

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De El GrecoWeb Gallery of Art:   Image  Info about artwork, Dominio público, Enlace

Tenemos que partir de la base que ningún partido político español o extranjero tiene un programa que sea autënticamente el seguimiento de la doctrina que Jesús de Nazaret nos dejó a la humanidad, pero sí podemos analizar y tener un criterio sobre las distintas propuestas que los partidos políticos hacen para ver que está acorde o no con la doctrina cristiana.

EL DERECHO A LA VIDA.

Es el derecho por esencia del hombre y la mujer, de los animales y del reino vegetal. Uno de los temas más polémicos con el que se intenta manipular el voto cristiano es el del aborto. Evidentemente, un cristiano no puede estar de acuerdo con el aborto porque la ciencia no es capaz de decir en qué momento un feto es un ser humano o no. Por lo tanto, los cristianos no queremos aborto. Pero sabemos que la prohibición del aborto no consigue que deje de haber abortos. De hecho, lo que se consigue es que las mujeres con capacidad económica aborten en clínicas privadas en otros países como Reino Unido y las mujeres sin recursos, aborten clandestinamente con el consiguiente riesgo de salud para feto (lógico) y madre.

Lo mejor es votar a partidos que mantengan una ley como la actual, que no evitando totalmente el aborto, ha reducido su número, facilitando a la mujer asesoramiento antes de la decisión.

Unida a esta política, hay que valorar los programas que lleven una educación sexual en métodos anticonceptivos  para las personas jóvenes para evitar embarazos no deseados.

El derecho a la vida se enfrenta a la pena de muerte. Un cristiano no puede votar a ningún partido que defienda esta condena fatal y sin remedio.

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Educación para la igualdad y contraeducación religiosa

Pixabay

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Hoy no escribo para opinar. Escribo para preguntar porque no sé cómo se está llevando a cabo (si se lleva) lo que planteo.

La violencia machista, ese terrorismo que vivimos por desgracia en España (y en el mundo) que mata a mujeres a diario por el hecho de serlo o que mata a sus hijos e hijas por el mero hecho de hacerle daño a la mujer, es una de las peores lacras que está soportando nuestra sociedad sin haber conseguido erradicarla aún.

Todo lo que se haga es poco para combatir esta violencia. Por un lado, necesitamos una justicia con unas leyes más justas, mucho más claras, que como ocurre con la experimentación en el método científico, haga que ante un mismo caso, las sentencias sean idénticas.

Por el otro, es la educación nuestra principal aliada para evitar lo que está ocurriendo. Muchos adultos hombres, no todos,  ya son un caso perdido: no van a cambiar su personalidad machista, pero sí podemos acorralarlos, controlarlos, alejarlos de la mujer. Pero con las generaciones venideras sí podemos hacer mucho. Nuestra gente joven serán quienes luchen y venzan al terrorismo machista.

Hoy día se invierte mucho desde el Estado para educar en valores ciudadanos que enseñen que matar o maltratar a una mujer por el hecho de serlo es un crimen y un delito. Todo el profesorado debe  implicarse en llevar estos valores a nuestros jóvenes. Pero dentro de los claustros de los colegios e institutos públicos hay un grupo de personas que tienen una peculiaridad especial: los maestros y maestras de religión, muchos de ellos también a su vez, pastores evangélicos, sacerdotes católicos o imanes islámicos.

¿Se tiene constancia de qué están haciendo desde las clases de las distintas religiones que se dan en los colegios e institutos públicos para combatir la violencia contra la mujer?

Lo pregunto por desconocimiento. Me preocupa mucho esto porque la visión que tienen las distintas religiones sobre la mujer deja mucho que desear en asuntos relativos a los derechos humanos. Un ejemplo sería que la mujer, en la Iglesia Católica no puede acceder a los puestos de responsabilidad (sacerdocio, obispos, etc.) por el simple hecho de ser mujer. La concepción en este caso la podemos considerar de machista. Lo mismo ocurre con las distintas partes de la religión  musulmana. Las más extremas llegan a tener a la mujer tapada con un burka.

¿Qué ofrecen estas religiones como solución, insisto, para combatir los asesinatos de tantísimas mujeres? ¿Qué se habla en estos días sobre la violencia contra la mujer en las clases de religión pagadas por el dinero de todos?

Lo pregunto porque temo la cuestión. Que nadie me mal entienda. Sé perfectamente que nadie va a justificar la violencia contra la mujer, pero sería una contradicción total que mientras el Estado por un lado invierte en educación en valores para luchar contra la violencia machista, por otro, desde instituciones del mismo Estado, las escuelas o institutos, haya personas que den al alumnado una visión no feminista de cómo tiene que ser el comportamiento humano.

Porque una cosa está clara: es con feminismo transversal en cada política cómo se podrá vencer el terrorismo contra la mujer. Y no podemos tolerar que nadie, amparado en una ideología de género, dónde un género predomine sobre el otro por el mero hecho de ser hombres, no aplique el feminismo en sus enseñanzas. A ver qué hacemos con las religiones machistas en las instituciones públicas de un Estado que debe ser feminista para ser justo.