Periodismo digno para un derecho digno a saber qué se lee.

Foto: Pixabay

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Ha pasado el tiempo en que en Jerez lo único importante que ocurría era lo que salía en el periódico. En el periódico, porque sólo había uno. Y nos acostumbramos a creer que todo lo que viene en letra de molde es verdad.

Porque es así, en un periódico en papel todo lo que viene es verdad cuando nos referimos a las noticias y los sucesos. Ya luego, dependiendo de la línea editorial del periódico, las columnas y opiniones pues son eso, opiniones.

Pero sabíamos entonces quién escribía y quién estaba detrás. Una opinión del ABC o de El País, era leída por los seguidores de unos y otros.

Pero hoy, con el mundo digital, cualquiera hace ‘un periódico’. No hace falta una imprenta ni papel. Montas un blog y dices que ya tienes un periódico.

Mentira. Los periódicos los hacen los licenciados/as en  periodismo. Los blogs los hacemos los bloggers y las paellas la hacen los profesionales en cocina. Si un blogger como yo hace una paella, posiblemente me salga muy mal. Lo mismo que cuando un oficinista hace un periódico le saldrá fatal.

Pero lo peor es que se le parece. La paella del blogger y la paella del cocinero/a pueden tener la misma pinta, pero en el sabor y en el estado del arroz veremos si hay calidad o es una mera imitación.

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Periodistas y respeto al periodismo.

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Hace unos días me indignaba al escuchar a un político local en la radio decirle con unos modos no dignos del cargo que representa a un periodista:  ¿Y por qué no me pregunta usted por…? Parece que la pregunta que le hizo el periodista no le hizo gracia.
Suele pasar. La preguntas de los periodistas unas veces te hacen gracia y otras no te hacen ninguna. De hecho, a veces no quieres ni que te pregunten.
El periodista que recibió tan maleducada respuesta fue digno del puesto que ocupa, porque otra persona le hubiera contestado al político en cuestión que ‘ aquí las preguntas las hago yo’ con toda la razón del mundo. Pero no fue así y aguantó estoicamente el exabrupto.
Días después escucho a otra periodista en la televisión nacional hacerle una pregunta al presidente del gobierno en funciones y éste contestarle con un comentario como que ‘esa pregunta es para nota’. Una impertinencia, puesto que a no ser que el presidente sea catedrático en comunicación, no hay otra persona que le pueda poner nota a un periodista.
La verdad es que con estas cosas y este trato al periodismo, lo que te pide el cuerpo es darle plantón en sus ruedas de prensa (esas que te coinciden de hora y te tienes que partir en dos o te cambian o suspenden en el último momento y que la gente común no sabe)  y que se las apañen solos en comunicar con la sociedad con sus twitters y sus facebooks que sólo leen sus palmeros, sus convencidos… y los periodistas. Y digo twitters y facebooks y no digo blogs, porque nuestros políticos son tan vagos que ya no utilizan esta herramienta tan útil como utilizaban antes pero en las que hay que escribir 400 palabras para que sean un poco decentes. Ignoran que los tweets y los facebooks se pierden. Los blogs en Google, no. En fin, allá ellos con sus torpezas y sus flojeras.
Miren, sin periodistas, por muchas redes sociales que haya, no tendríamos información.
Si se para usted a pensar, estimado lector o lectora, cuando usted utiliza las redes sociales: ¿cuántas veces crea usted información  o cuántas veces difunde información creada por periodistas?
Y cuando digo periodistas, me refiero a toda aquella persona que pasó por una facultad de periodismo o comunicación.
Mucha gente confunde a los bloggers, creadores de podscats, locutores de radio fórmula, columnistas… con periodistas. Y no, no son lo mismo. Hacen cosas parecidas, pero se nota cuando se es o cuando no.
Yo por ejemplo, hago radio sobre astronomía o sobre música clásica, temas que domino. Pero no podría hacer otras cosas porque no sé, porque no hice la carrera de periodismo.
Todo el mundo tiene derecho a comunicar, pero el periodismo es otra cosa y se merece un respeto.
Algunos, como vemos, no respetan al periodista ni a las gentes que les leen o escuchan luego. Es más, reflejan una actitud de arrogancia y de miedo, le tienen hasta miedo. No es extraño pues que luego las ruedas de prensa las den desde una pantalla de plasma, donde el periodista no tiene derecho a la réplica.

¡Estamos vendidos en las redes sociales!

Privacidad en redes – autor Robert Scoble

Desde hace algunos meses, sufro continuos ciberataques en mis blogs. Sospecho de donde puede venir la cuestión. Gente a la que no le gusta lo que escribo y que tienen los suficientes conocimientos para hacerte la puñeta.

Lo penúltimo ha sido bloquearme mi cuenta en Facebook. Intentos de entradas con contraseñas erróneas (suponiendo que esperando acertar una para entrar). Eso provoca que Facebook te avise, te bloquee la cuenta, que tengas que cambiar contraseñas y tal.

Pero lo último ha sido denunciarme por nombre falso. He tenido que mandar mi DNI a Facebook para demostrar que soy yo, que existo realmente y que no soy un perfil inventado.

Todo esto me ha hecho llegar a una reflexión. Realmente, gran parte de la culpa de esta exposición a los ciberataques la tengo yo. Y os pido que hagáis la reflexión conmigo.

Tengo cuenta en facebook desde hace siete años. Durante este tiempo he agregado a miles de ‘amigos’. Amigos que no sé quienes son. Nunca me preocupé que la gente puede ser mala. Ni me imaginé que entre esos miles de ‘amigos’ muchos eran perfiles falsos. Y otros tantos, sólo mirones. Gente en silencio que mira lo que haces o dices.

Cometí el error – y miren ustedes si hacen lo mismo que yo – de mezclar amigos de verdad, con compañeros y compañeras de trabajo, del colegio, del Instituto, oyentes de la radio donde estoy, aficionados a la astronomía, afinidades políticas y sociales…. y he construido tal potaje que, claro, ahora entiendo que eso tenía que reventar por algún lado.

¿Invitarían ustedes todos a la vez en su casa a su familia, sus compañeros de trabajo y a los antiguos amigos de la mili? ¿De qué hablaríais? ¿Qué les importan a unos las cosas de los otros?

Y lo peor. ¿Son ustedes conscientes de que las fotografías vuestras en la playa, en el campo, en la feria, borrachos, bailando, en situaciones comprometidas, las han podido ver todo el mundo? Y digo todo el mundo:  incluido el que no está en Facebook. Ya saben. Click. Guardar como. Se graba y se envía por Whatsapp. O por correo electrónico.

¿Se han dado ustedes cuenta que las fotos, ya no suyas, sino las de su familia están al alcance de todo el mundo?

¿Sabían ustedes que cuando a una empresa le llega su currículum vitae, lo primero que hace es buscar su nombre y apellidos en Google? ¿Que de momento saben si eres gay, si estás casado, si estás divorciado, si tienes hijos, si bebes alcohol, si sales de noche, qué libros lees, a qué partido votas o pones a parir, que religión profesas, si eres ateo, cuántos hermanos tienes, etc, etc, y más horribles etcéteras?

¿Sabían ustedes que si te peleas con tu pareja, ésta puede tener acceso a todos tus ‘amigos’ y ponerte a caer de un guindo?

Y más cosas. Con horror vi como el otro día Facebook me avisaba que fulanito y fulanita estaban cerca de mí.

Pues miren. No hay mal que por bien no valga. Borrón y cuenta nueva de Facebook, con las opciones de privacidad a tope. Unas opciones que ya les digo, no son nada fáciles de configurar y que por desidia no lo hacemos. Y ahora, a seleccionar como amigos a quienes conozca de verdad. Y jamás, os prometo, pondré una fotografía mía o de mi familia.

Hagan lo mismo que yo. No se descuiden y protejan sus cuentas en las redes sociales, porque si no, estamos vendidos, absolutamente vendidos.

 

La palabra ‘cáncer’ en el lenguaje de la comunicación – Día Mundial contra el cáncer 4 de febrero

Asociación Española Contra el Cáncer
Somos muy dados a utilizar la palabra ‘cáncer’ – a mí mismo se me escapa, aunque cada vez menos – cuando tenemos que referirnos a algo negativo, a algo que destruye algo. Un buen ejemplo sería la frase ‘La corrupción es el cáncer de la política’ para explicar que la corrupción está destruyendo a la política desde su interior.
Sin embargo, no somos conscientes que cuando utilizamos la palabra ‘cáncer’ nos pueden estar leyendo o escuchando familiares o personas enfermas de cáncer. Hay que tener más sensibilidad con ellos porque la enfermedad del cáncer no tiene por qué significar necesariamente la muerte.
Hoy, el cáncer se cura en la gran mayoría de los casos, gracias a los adelantos médicos y sobre todo, a la prevención.
Así que no siempre ‘cáncer’ tiene que ser algo negativo. Muchas veces el ‘cáncer‘ es el triunfo de la ciencia sobre la enfermedad, que es el mensaje que hay que transmitir con más fuerzas, no sólo el negativo.
Y también ya de camino, aprovecho esta llamada de atención para utilizar la palabra ‘cáncer’ cuando haya que utilizarla.
Estamos en las mismas que en el caso anterior si para definir la enfermedad del cáncer utilizamos expresiones tales como ‘murió de una larga enfermedad’ o bien, en el lenguaje más coloquial de la calle: ‘tiene una cosa mala’.
Al cáncer no hay que esconderlo. Esta ahí y hay que llamarlo por su nombre. Pero en su justa medida. El cáncer se puede curar. Ese es el mensaje. Quien escribe esto es socio de la Asociación Española contra el Cáncer y durante la enfermedad de mi hermana, tuve que padecer como ella soportaba el trato que los medios de comunicación dieron a  la enfermedad de Rocío Jurado y Rocío Dúrcal, ambas enfermas en 2006.

La palabra periodística como instrumento de guerra

También hoy, todos los días, en los telediarios, en los periódicos, vemos que hay guerras, destrucción, odio, enemistad. Y también hay hombres y mujeres que trabajan mucho —¡pero mucho!— para fabricar armas para matar, armas que al final se manchan de la sangre de tantos inocentes, de tanta gente. ¡Hay guerras! ¡Hay guerras y está la maldad de preparar la guerra, de hacer armas contra el otro, para matar!

Pero, también están los que sacan a pasear la lengua y hacen la guerra, porque la lengua destruye, ¡hace la guerra!

Homilías de Santa Marta del Papa Francisco

Sabias y certeras las palabras del Papa Francisco. Salidas de su boca, sin el filtro de quienes tienen el don de interpretarlo todo, de darle la vuelta a las frases, a las palabras, para que parezca que el Papa ha dicho lo contrario de lo quiere decir.

Hacer la guerra con la lengua, con las palabras. ¡Estamos tan acostumbrado a verlas en los medios de comunicación! Desde la televisión, desde la radio, desde la prensa escrita, se lanzan palabras que sólo crean discriminación, odios, rencores… en resumen, la guerra. Esa guerra que no tira bombas, pero que hace que otros las tiren. Esas lenguas que como espadas afiladas apuntan al objetivo, para que otros disparen.

Disparen con balas o disparen también con palabras.

Porque la palabra que es instrumento de paz también puede ser instrumento de guerra.

Especialmente es preocupante el uso de la palabra en aquellos que se autodenominan católicos. Palabras que son utilizadas políticamente por el predicador periodista de turno según su conveniencia. ¡Claro que un comunicador/a católico tiene que utilizar la palabra para hacer política! Ya lo decía el Concilio Vaticano II.  Foméntese ante todo la prensa honesta.  Pero para hacer política de la buena, la política de los cristianos: políticas para la paz, políticas para la concordia, para la misericordia, para la igualdad, para el compromiso con los más pobres. Palabras que luchen contra los desahucios, contra el paro, contra las políticas que crean refugiados e inmigrantes, contra el machismo, contra la violencia terrorista contra la mujer, contra la homofobia, contra la explotación laboral y sexual infantil, etc… ¡son tantos los frentes que tienen las guerras!

Pero, como alertaba, hay comunicadores católicos especialistas en estas guerras. Desde sus atriles televisivos, radiados, escritos o de internet, arengan a las masas – algunos hasta con gritos y golpes en la mesa – contra quienes defienden la justicia social. Se ponen del lado del Poder, de quien hace políticas contrarias al Evangelio en las que ellos ‘dicen’ creer.

Son como ovejas disfrazadas de lobos. Con perfume a incienso, rodeados de una falsa santidad farisaica pero que distorsionan el mensaje de Jesús de Nazaret y que yo les recuerdo con las palabras de este Papa al que ellos suelen castigar con el desprecio de la ignorancia en sus comentarios. Palabras sueltas, limpias, sin filtros y certeras que deja muy claramente a cada cuál en el sitio que ha elegido estar.

La televisión en España ha muerto #París

Francia de luto

Escribo esto en la madrugada del sábado 14 de noviembre de 2015. Aún no sé cuántos muertos hay en París. Es curioso como nuestra mente se empeña en los números, cuando ya una sola muerte violenta es una tragedia.

Me he enterado primero de los atentados por whatsapp. Luego por twitter. Pero fui presto a encender mi televisor. Aún tengo esa vieja costumbre de que me cuenten las noticias.  Porque sí, twitter, facebook, las redes en general, te informan, pero yo confío en el periodista, en el profesional que me cuenta las noticias, que sabe lo que pasa, que se mete en los sitios.

Pero la televisión española no estaba. A excepción del canal 24 horas de TVE con Alfonso Rojo y 13 Tv. Díganme ustedes que me leen qué panorama más objetivo para que me informen sobre un horrible acto presunto del terrorismo de origen yihadista.

Ni Antena tres, ni la Sexta, ni Telecinco, ni Cuatro. Ni la que más me duele, Canal Sur, que la pagamos con nuestros dineros.

¿Para qué queremos entonces la televisión en España? Hoy me dado cuenta que realmente, la televisión en nuestro país ha muerto porque no sirve ya para lo que tendría que servir. Es como un videoclub que te llega por las ondas. Pero nada más. No tienen utilidad social. Lo han demostrado.

Así que me volví a lo moderno, a twitter, y a este milagro que es ver cualquier periódico francés en la pantalla de tu ordenador.

El único consuelo en esta noche de defunción para la televisión de España es que nuestra amiga fiel de siempre, la radio, esa no nos ha fallado.

Porque yo necesito la voz del periodista que me habla al oído. Quiero la voz del profesional, pero es que esta noche, era de esas en las que una imagen valía más que mil palabras.

Pero nos fallaron. La televisión en España nos falló y posiblemente no me equivoque, pero lo sucedido en esta noche aciaga en España, será estudiado en las facultades de Periodismo.

 

Perfil en twitter: La importancia de tener un perfil qué diga quién eres en Twitter

Rescato este post que escribí hace tiempo porque hoy me ha vuelto a pasar. Gente que te sigue o que te retuitea. Miras quién es. Y nada. Una foto que puede ser o no de quién escribe, pero sin decir desde dónde escribe, qué cosas le interesan… la pregunta ¿en  cuáles de mis listas lo meto si decido seguirle? Pues en ninguna, porque con tan poca información, lo más seguro es que no le siga, porque ¿para qué seguir a alguien que no sabe ni quién es ni de dónde es ni de lo que habla? Sí, ya sé que Twitter deja muy pocos caracteres para escribir… pero ¡Pon algo productivo!!  Y ahí os dejo lo que escribía yo en septiembre de 2013.

Perfil en twitter

Parece una tontería, pero como mucha gente, cuando alguien te sigue o buscas alguien a quien seguir, el perfil es esencial en la decisión que vamos a tomar. Yo manejo mucho las listas, porque tengo intereses muy variados: me gusta seguir a gente de mi ciudad, la astronomía, la política, que divido entre jerezana, andaluza y española, los derechos LGTB, la comunicación social, etc… el perfil es lo que me indica en que lista tengo que meterlos para seguirlo. Pero hay gente que no pone nada. ¿Qué haces con ellos? Si tienes tiempo, miras sus tweets, y puedes tener una idea de lo que hablan… o no. Normalmente, lo que haces es pasar del tema.

Por eso, si te preocupa el por qué la gente no te sigue como tú quisieras, tal vez sea porque no tienes un perfil atractivo, que llame la atención. Ya. Es bastante complicado hablar de uno mismo en los 120 caracteres que nos deja twitter, pero tienes otras opciones.

Por ejemplo, puedes abrirte un perfil en https://about.me/ ahí podrás hablar de ti un poco y poner enlaces a tus blogs y tus redes sociales.

Otra opción sería crear un blog con una página fija donde pondrías tu biografía, tus intereses, tus enlaces a las redes sociales, e incluso un contador de visitas, para saber cuánta gente ha picado en tu enlace de twitter y compararlo luego con cuánta gente te ha seguido. Te servirá para saber cuán de atractivo es lo que has puesto.