Los refugios de la guerra civil de Almería

Hace unos días visité los refugios de la guerra civil en Almería. Conocía de su existencia pero no había sabía que se pudieran visitar. Cuando llegas te ponen un vídeo sobre la historia de los refugios. Un vídeo más de los que estamos acostumbrados a ver de la Guerra Civil. Habremos unas treinta personas para visitar los refugios. Se escucha la risa baja de un joven ante el acento andaluz de una de las mujeres que cuentan su testimonio: no estaba a lo que estaba y no era consciente de lo que estaba contando.

Lo que cuentan es tremendo. Los bombardeos, las huidas, los gritos, el miedo, los tumultos. Suena la sirena que avisa de un bombardeo. Pero ahora es de verdad porque nos dicen que tenemos que bajar al refugio.

Escalones del refugio de la Guerra Civil en Almería

Escalones del refugio de la Guerra Civil en Almería

Bajas unas escaleras empinadas y te enfrentas a la galería de los refugios. Todos los libros que he leído sobre la Guerra Civil caen sobre mi cabeza como un peso que me ahoga. Mi cerebro es un gazpacho de dolor y llanto. Las lágrimas acuden a mis ojos. Cuánta pena. Cuánto dolor. Cuánto miedo. Todo lo percibo mientras en mi mente golpean las treces rosas que no quieren que sean borradas de la memoria, Antonio Machado muriendo solo en Colliure. El hijo del guardia civil de Fuensanta de Martos de Almudena Grandes. Lorca, siempre Lorca muerto en la fosa de encontrar imposible. Mi tío abuelo Pepín que no podía oír los fuegos artificiales porque les recordaba el frente de Pozoblanco en Córdoba donde estuvo. O mi tío abuelo Salvador que vino tembloroso de la guerra y nunca jamás pudo dejar de temblar hasta que murió. Todo, todo de golpe en mi cabeza. La guerra, la maldita guerra. Ahí delante tuya. No, no era una clase de Historia. Era la guerra, la mala guerra, la atroz golpeándote en las sienes. La misma guerra que hizo que mi abuelo Alfonso Saborido, del que yo conservo mi mismo nombre, muriera sin el suyo, su nombre, en la tumba. Cayeron sobre mí todos los nombres invisibles de españoles muertos en las cunetas. Olvidados. Desaparecidos. Ellos, para los que la guerra no terminó nunca.

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