Reiki: verdades y mentiras.

Reiki

Reiki – Foto Pixabay

 

En los últimos años, y debido sobre todo a la bajada en la calidad en la sanidad pública por un lado y a la falta de educación crítica en la ciudadanía, han experimentado un gran auge las llamadas medicinas alternativas y complementarias.
Dejemos claro estos dos conceptos, que aunque parecidos, son muy distintos.
La medicina alternativa es aquella que se postula para sustituir a la medicina oficial; esto es muy peligroso ya que implica el abandono de tratamientos médicos que pueden ocasionar hasta la muerte de las personas.
La medicina complementaria es aquella, que siguiendo lo que dice la medicina oficial, ‘complementa’ a ésta con otras terapias. Aquí podemos encontrar desde ‘medicinas’ que no sirven para absolutamente nada, como la homeopatía o prácticas que sí se ha demostrado que tiene beneficios, como por ejemplo, tomar una infusión de valeriana por la noche para dormir mejor.
Entre toda estas terapias que han surgido ahora, el reiki es una de las que más ha llamado la atención del público y está teniendo un gran crecimiento entre los seguidores de esta práctica. Pero como no podía ser menos, el reiki está rodeado de mucha mentira y mucho fraude. A eso voy.
El reiki es una práctica japonesa basada en la imposición de manos por la que, según su inventor, Mikao Usui, se transmite energía del universo a la persona para que fortalezca su energía vital y así mejorar la salud.
Aunque los efectos del reiki no han sido comprobados científicamente, sí puedo decir como practicante y maestro de esta disciplina, que el reiki puede producir (no siempre) efectos positivos en el estado de ánimo del paciente que le ayudará a superar una enfermedad. Es cosa de lógica. Para vencer una enfermedad, tendremos más posibilidades de hacerlo con un espíritu optimista que con un espíritu triste.
Eso es reiki. No es más. Una práctica que en muchos aspectos se parece bastante a la meditación (cuyos beneficios está suficientemente comprobados).
Sin embargo, son muchas las personas que se han aprovechado de este auge de la practica de reiki para hacer su agosto, y lo que es peor, a costa de personas enfermas. Se están cobrando cantidades excesivas por dar sesiones de reiki. Cantidades que llegan a ser muy altas cuando es para aprender a dar reiki. Hay varios niveles de aprendizaje, y por cada uno , se te cobra una cantidad, que en los niveles de maestría pueden llegar a los 600 ó 1000 euros.
Estas cantidades se suelen cobrar ‘en negro’, ya que nadie emite factura. No sean incautos. Si alguien os ofrece servicios de reiki y os pretende cobrar, exijan factura. Que paguen sus impuestos como hacemos todos.
Por último, hacer un llamamiento a las autoridades sanitarias, que últimamente lo están haciendo muy bien aunque hay casos que se escapan al control, y es avisar de que nunca se deje practicar el reiki en hospitales por parte de personas que se ‘autocalifiquen’ practicantes o terapeutas de reiki. Una cosa es que yo, que sé dar reiki, me lo dé a mí mismo en un hospital o a un familiar, a lo que se pretende por parte de algunos practicantes de reiki, que es ‘introducirse’ en los hospitales con el afán de ganar dinero a costa de gente que sufre.
Además, es muy peligroso porque estos terapeutas de reiki no son personal sanitario y no tienen ni idea de cómo actuar en un centro hospitalario.
Resumiendo, no se dejen engañar. Practicar reiki como terapia personal es una buena idea y muy saludable para nuestro físico y nuestra mente. Pero hacer del reiki  un negocio, es entrar en el mundo de los timos, los engaños y las mentiras.

Es derecho de los andaluces y andaluzas que nos protejan del cáncer de colon

Cáncer de colon

Cáncer de colon

Según fuentes de la Asociación Española Contra el Cáncer cerca de dos millones de personas en Andalucía, los que están entre los 50 y 69 años, no están protegidas contra el cáncer de colon por el Gobierno que preside la socialista Susana Díaz, sustentada por el partido de Albert Rivera, Ciudadanos.

El cáncer de colon se puede curar en el 90% de los casos que se detectan a tiempo, con una simple muestra de heces.

Esta prueba forma parte de un programa de prevención que todas las comunidades autónomas están obligadas a poner en práctica.

En Andalucía está poco implantado. Si tienes entre 50 y 69 años tienes derecho a participar en este programa de prevención. ¡RECLÁMALO!

Para reclamar tu derecho a este programa, rellena el siguiente formulario con:

Asunto: Derecho “Programa de Cribado de Cáncer de Colon”
Texto:  Yo …… con D.N.I ….
Solicito a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía que garantice mi derecho a participar en el programa de cribado de cáncer de colon, extendiendo y acelerando la implantación en todo el territorio de Andalucía.
¡Comparte esta información, por favor, nos va la vida en ello!

En este enlace accedes al formulario y puedes hacer tu reclamación. Pincha en él para acceder.

El Aleluya de la muerte

Atardecer en Arcos

Atardecer en Arcos -Foto del autor

No puedo comenzar a escribir sin lamentar profundamente la muerte del vecino de Arcos de la Frontera durante la mal llamada fiesta del toro del Aleluya y presentar mi más sentido pésame a la familia y sus seres queridos.

Los que sufrimos por el maltrato animal muchas veces nos centramos tanto en el animal, que a veces olvidamos que también este tipo de actividades acaban en tragedia humana.

Tengo en mi mente de nuevo, las imágenes de las cogidas de Paquirri o El Yiyo, que unido a una corrida de toros que vi a los trece años, hizo que naciera en mí un rechazo a esta costumbre de unir diversión con la tortura de animales.

Esta fiesta medieval como digo nos ciega a los que por un lado sobre todo vemos el dolor animal y a los que por otro solo ven el divertimento. Y en medio, de vez en cuando surge la tragedia humana que nos trae los pies a la tierra. Una tragedia humana esporádica, una tragedia animal continua.

El ayuntamiento de la ciudad vecina de Arcos de la Frontera tiene que ser valiente. Pero no el partido de gobierno: todo el ayuntamiento, el Pleno municipal al completo y plantearse eliminar de una vez por todas una fiesta que no es una fiesta: hemos visto que es la muerte que llega cuando no la esperamos y jugamos con ella. No debe temer el pleno municipal a la reacción electoral de la gente. No se puede gobernar a expensas de los gritos del populacho en el circo romano pidiéndole sangre al César. Todos a una como en Fuenteovejuna. Todos los partidos políticos deben decir BASTA.

No. Estamos en el siglo XXI y Arcos de la Frontera, quizás el pueblo más bonito de España, se tiene que olvidar de esta fiesta, de no convertirse en portada de telediarios y prensa por la muerte trágica de un vecino en una fiesta incomprensible, cuando es un pueblo que tiene tantos y tantos recursos turísticos. Arcos tiene que ser conocido por sus callejuelas, por sus iglesias, por su Semana Santa, por su carnavalito,  por su peña, por su balcón, por su pantano, por su hostelería y gastronomía, por su figura que arranca del suelo pareciendo querer alcanzar el cielo. Y por su gente, con un potencial increíble.

Pero Arcos de la Frontera no debe ser nunca más conocido ni asociado a la muerte ni al maltrato animal.

Ojalá qu esta tragedia inútil que se ha llevado la vida de un vecino por delante, sirva para un Nunca Más y que no vuelvan a hacer una fiesta con un toro que sufre y que mata asustado para celebrar la fiesta de la vida que es la Resurreción de Cristo.

¿Cristianos que no perdonan?

Papa y Ali Agca

Papa Juan Pablo II y Alí Agca

Qué difícil es ser cristiano, sobre todo, como decía Teófilo Cabestrero, en tiempos difíciles. Tiempos difíciles estos de hoy, y perdonen el lenguaje, de pensiones de mierda, prestaciones de mierda, salarios de mierda,  que hacen imposible una vida digna para una gran mayoría de personas. El ‘de mierda’ que se nos ha convertido en apellido de tantas cosas.

Estamos nerviosos. Para más inri, nos ocurren desgracias como las del pequeño Gabriel que nos saca lo peor que tenemos dentro. Somos humanos y tenemos innatas emociones como el odio, la venganza y el rencor.

Ahí es dónde es difícil ser cristiano. Lo es para mí. Me cuesta. Pero el evangelio me apacigua, me controla. Setenta veces siete. Setenta veces siete, me repito. El perdón, la reconciliación, el entendimiento, el acompañamiento de los presos, aunque sea el más terrible de los asesinos. ¡Qué difícil es, ¿eh?! Pero es que el evangelio de Jesús es así de radical. O lo tomas o lo dejas. A los tibios los vomitaré de mi boca. Toma tu cruz y sígueme. ¡Pero cuánto pesa esta cruz del perdón, que tiene que convertir el odio en amor!

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen, dice Jesús antes de morir el Viernes Santo.

Sin embargo, los cristianos no estamos a la altura, especialmente lo que hacemos oír nuestra voz. Oigo a cristianos pedir condenas eternas, desear el mal sin fin e incluso la muerte a gente que ha cometido delitos de sangre. ¿Qué cristianos son estos? No lo sé ni les entiendo. Quizás sean el fruto de esa religión fabricada de hojalata que nos han convertido en adoradores de imágenes, en simples sacapasos.

Pero hay otros cristianos, que no gritan tanto, que poca gente conoce, que sí son fruto del evangelio y de esa religión liberadora y dignificadora humana que trabaja en las distintas pastorales penitenciarias. Quizás en estos tiempos difíciles de nervios, rabia y deseos de venganza, deberíamos escucharles más, porque ellos si ven el rostro de Jesús todos los días en el de las personas presas. Sí, cuando fue preso y le visitaron.

 

La abuelita en el Banco.

Cajero automático

Foto Pixabay

A Doña María (83 años) cada vez le agobia más ir al Banco o a la Caja de ahorros, da igual el nombre,  para no señalar nadie. Cuando llega fin de mes, Doña María va diligentemente  a su sucursal más lejana, y digo más lejana, porque con las fusiones de los bancos miré usté no ibamos a tener tantas sucursales abiertas y qué mala suerte que hemos cerrado la que estaba en su barriada, que entonces era la más cercana, para cobrar su pensión subida alegremente 1.05 euros para este año.

Cuando llega Doña María con su tacataca a su sucursal más lejana, el empleado que la atiende también diligentemente por orden de sus superiores,  le dice que tiene que sacar el dinero del cajero. Y empieza la conversación cansina para ambos de miré usté que yo soy muy torpe, pero mire usté que esto es fácil señora si es darle a un botón, pero mire usté yo es que no veo los botones y me voy a equivocar, no se preocupe, miré usted si ya no hay botones son letras grandes en la pantalla, pero mire usté es que yo tiemblo mucho y no acierto a darle al botón. Entonces, el empleado calla, le da su dinero y la conversación termina hasta el mes que viene.

Doña María guarda su dinero en el bolso, le da las gracias al empleado y le dice que como a uno le atiende una persona no llega el cacharro ese de la puerta y el empleado sonríe y calla y le pregunta de nuevo que si quiere comprar un televisor a plazos, un móvil de última generación o un aparato que toca una alarma si se cae al suelo. Pero Doña María le dice que no. Que tiene un televisor que solo ve Canal Sur porque tiene el botón encasquetado, un teléfono de con las letras grandisímas y que si se cae, alguien la echará en falta seguro e irá a buscarla, porque gracias a Dios le llama mucha gente. Adiós muy buenas.

Al salir por la puerta del banco o caja de ahorros, Doña María mira de reojo al dichoso cajero. Y se ríe para sus adentros, mientras esquiva los tickets tirados en el suelo para no resbalarse.. Ella para nada es torpe, bien que pone una lavadora mientras que su nieto que ha estudiado no sabe ni abrir la puerta. O estirar la mierda de pensión que le han dejado para vivir un mes. Eso sí que inteligencia financiera mire usté.  Vé perfectamente que para eso tiene sus gafas, y bueno, temblar tiembla, pero cuando se empeña, ensarta una aguja. Y piensa que a ella no la expone nadie a que le peguen un tirón o le roben su dinero mientras está toqueteando el cajero en la calle o en la puerta. Ni muerta utilizará el cacharro ese.

(Dedicado a todas las personas mayores que cada día se enfrentan más a una administración electrónica que no ha pensado para nada en ellas).

 

La cara y la cruz de la sanidad pública andaluza

médico

Foto: Pixabay

Andalucía ha superado durante 2017 los 900 trasplantes, batiendo su propio récord de donaciones y trasplantes por cuarto año consecutivo, tal como anuncia la Junta de Andalucía en su web.

Gracias a las donaciones registradas, los hospitales andaluces han podido realizar 919 trasplantes de órganos, 105 más que el año pasado, lo que supone un aumento del 13%. Concretamente, se han hecho 603 de riñón (47 de donantes vivos y, de ellos, 2 de donantes cruzados), 223 de hígado (2 de donante vivo), 35 de corazón, 43 de pulmón y 15 de páncreas.

Asimismo, del total de trasplantes, 27 han sido trasplantes pediátricos (15 renales, 7 de hígado, 4 de corazón y 1 de pulmón), igual cifra que el pasado año.

Todas estos datos suponen que se han alcanzado también cifras históricas en trasplante de riñón, de pulmón y de hígado en Andalucía y que los diferentes hospitales trasplantadores han marcado hitos.

Así, junto al alcanzado por el Hospital Virgen del Rocío con 200 trasplantes renales, el Hospital Puerta del Mar de Cádiz ha superado su récord en trasplante renal, con 100 intervenciones; el Hospital Virgen de las Nieves de Granada ha superado igualmente el suyo en trasplante hepático, con 38; el Hospital Regional de Málaga ha superado sus trasplantes hepáticos, con 58; y el Hospital Reina Sofía de Córdoba también ha registrado cifras históricas en trasplantes de pulmón, con 43, de riñón, con 99.

Este descenso se debe, en gran medida, al incremento de las cifras de donantes, cuyo factor clave, tal como ha resaltado la consejera, es la aceptación a la donación. El “sí de las familias” en Andalucía se ha situado en el 89%, el porcentaje más alto alcanzado hasta el momento.

Esta es una de las noticias más importantes que nos indican la excelencia por un lado de la calidad de la sanidad andaluza, y por otro lado, el más importante, el de la generosidad de las personas que viven en Andalucía (porque andaluz/a es el que vive en nuestra comunidad, no el que nace, ya que si te vas a vivir a otra comunidad autonóma o país y te censas allí, pierdes la ‘cualidad’ de ser andaluz o andaluza).

Pero esto no es nuevo. La solidaridad de la población andaluza en cuanto a transplantes viene de lejos. Basta el ejemplo de la gran manifestación juvenil que hubo en Jerez a principios de 1986 pidiendo un corazón para un transplante para una chica, Paqui Miranda Durán, de 18 años,  del Instituto Padre Luis Coloma, que por desgracia nunca llegó. Una manifestación que funcionó con el boca a boca, en tiempos que los móviles no existían. De aquello, fuimos muchos los estudiantes que nos hicimos donantes de órganos. Y hoy vemos que todo lo sembrado tuvo su fruto.

En verdad, por cosas así, la sanidad es ‘la joya de la corona’.

Pero desgraciadamente, vivimos en tiempos oscuros. Frente a estas luces de los logros de la sanidad andaluza, nos encontramos con las oscuridades que nos encontramos toda la ciudadanía cuando nos enfrentamos a una atención primaria que ya no es lo que era. Citas imposibles o a diez días vista, que te obligan a ir a tu centro de salud a primera hora – con lo que eso te impide tu conciliación laboral y familiar – a ver si consigues que te den cita. Lo he vivido, y es como volver a aquellos tiempos en que mi madre me llevaba a la Calle Higueras de Jerez y te ibas por la mañana a coger número, sin tener ni idea de cuando ibas a salir allí.

Esta situación crea incomodidad para los pacientes y para el personal médico, porque ante la falta de cita o las tardanzas, acudes a los centros de urgencias que se colapsan y empieza la famosa discusión con los médicos sobre ‘lo que es una urgencia’. Las cosas están cambiando para mal. Los conceptos de la medicina también. Este año he aprendido que uno no debe ir al médico hasta que lleves diez días con fiebre. Aunque en el prospecto de lo que te manden en la primera visita diga que a los tres días, si sigues con fiebre, que acudas a un centro médico. Antes eran tres. Ahora son diez.

No sé cuál es el problema de la atención primaria de salud en Andalucía, pero es obvio que no funciona y que hace sufrir a nuestra población: la enferma y la que trabaja en sanidad. No sé si es que necesitamos más presupuesto, más centros de salud, más médicos, o si necesitamos gestores más capaces, que sepan hacer las cosas como se hacían antes.

Lo cierto es que la situación de la atención primaria es caótica. Basta ver a los usuarios quejándose en las redes sociales y las fotos que cuelgan sobre falta de limpieza o largas esperas.

Son las luces y las sombras de una sanidad andaluza, capaz de hacer cosas maravillosas, como los trasplantes, o de llevarte en un minuto a los años sesenta del siglo XX.

Los refugios de la guerra civil de Almería

Hace unos días visité los refugios de la guerra civil en Almería. Conocía de su existencia pero no había sabía que se pudieran visitar. Cuando llegas te ponen un vídeo sobre la historia de los refugios. Un vídeo más de los que estamos acostumbrados a ver de la Guerra Civil. Habremos unas treinta personas para visitar los refugios. Se escucha la risa baja de un joven ante el acento andaluz de una de las mujeres que cuentan su testimonio: no estaba a lo que estaba y no era consciente de lo que estaba contando.

Lo que cuentan es tremendo. Los bombardeos, las huidas, los gritos, el miedo, los tumultos. Suena la sirena que avisa de un bombardeo. Pero ahora es de verdad porque nos dicen que tenemos que bajar al refugio.

Escalones del refugio de la Guerra Civil en Almería

Escalones del refugio de la Guerra Civil en Almería

Bajas unas escaleras empinadas y te enfrentas a la galería de los refugios. Todos los libros que he leído sobre la Guerra Civil caen sobre mi cabeza como un peso que me ahoga. Mi cerebro es un gazpacho de dolor y llanto. Las lágrimas acuden a mis ojos. Cuánta pena. Cuánto dolor. Cuánto miedo. Todo lo percibo mientras en mi mente golpean las treces rosas que no quieren que sean borradas de la memoria, Antonio Machado muriendo solo en Colliure. El hijo del guardia civil de Fuensanta de Martos de Almudena Grandes. Lorca, siempre Lorca muerto en la fosa de encontrar imposible. Mi tío abuelo Pepín que no podía oír los fuegos artificiales porque les recordaba el frente de Pozoblanco en Córdoba donde estuvo. O mi tío abuelo Salvador que vino tembloroso de la guerra y nunca jamás pudo dejar de temblar hasta que murió. Todo, todo de golpe en mi cabeza. La guerra, la maldita guerra. Ahí delante tuya. No, no era una clase de Historia. Era la guerra, la mala guerra, la atroz golpeándote en las sienes. La misma guerra que hizo que mi abuelo Alfonso Saborido, del que yo conservo mi mismo nombre, muriera sin el suyo, su nombre, en la tumba. Cayeron sobre mí todos los nombres invisibles de españoles muertos en las cunetas. Olvidados. Desaparecidos. Ellos, para los que la guerra no terminó nunca.

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