La abuelita en el Banco.

Cajero automático

Foto Pixabay

A Doña María (83 años) cada vez le agobia más ir al Banco o a la Caja de ahorros, da igual el nombre,  para no señalar nadie. Cuando llega fin de mes, Doña María va diligentemente  a su sucursal más lejana, y digo más lejana, porque con las fusiones de los bancos miré usté no ibamos a tener tantas sucursales abiertas y qué mala suerte que hemos cerrado la que estaba en su barriada, que entonces era la más cercana, para cobrar su pensión subida alegremente 1.05 euros para este año.

Cuando llega Doña María con su tacataca a su sucursal más lejana, el empleado que la atiende también diligentemente por orden de sus superiores,  le dice que tiene que sacar el dinero del cajero. Y empieza la conversación cansina para ambos de miré usté que yo soy muy torpe, pero mire usté que esto es fácil señora si es darle a un botón, pero mire usté yo es que no veo los botones y me voy a equivocar, no se preocupe, miré usted si ya no hay botones son letras grandes en la pantalla, pero mire usté es que yo tiemblo mucho y no acierto a darle al botón. Entonces, el empleado calla, le da su dinero y la conversación termina hasta el mes que viene.

Doña María guarda su dinero en el bolso, le da las gracias al empleado y le dice que como a uno le atiende una persona no llega el cacharro ese de la puerta y el empleado sonríe y calla y le pregunta de nuevo que si quiere comprar un televisor a plazos, un móvil de última generación o un aparato que toca una alarma si se cae al suelo. Pero Doña María le dice que no. Que tiene un televisor que solo ve Canal Sur porque tiene el botón encasquetado, un teléfono de con las letras grandisímas y que si se cae, alguien la echará en falta seguro e irá a buscarla, porque gracias a Dios le llama mucha gente. Adiós muy buenas.

Al salir por la puerta del banco o caja de ahorros, Doña María mira de reojo al dichoso cajero. Y se ríe para sus adentros, mientras esquiva los tickets tirados en el suelo para no resbalarse.. Ella para nada es torpe, bien que pone una lavadora mientras que su nieto que ha estudiado no sabe ni abrir la puerta. O estirar la mierda de pensión que le han dejado para vivir un mes. Eso sí que inteligencia financiera mire usté.  Vé perfectamente que para eso tiene sus gafas, y bueno, temblar tiembla, pero cuando se empeña, ensarta una aguja. Y piensa que a ella no la expone nadie a que le peguen un tirón o le roben su dinero mientras está toqueteando el cajero en la calle o en la puerta. Ni muerta utilizará el cacharro ese.

(Dedicado a todas las personas mayores que cada día se enfrentan más a una administración electrónica que no ha pensado para nada en ellas).

 

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