La cara y la cruz de la sanidad pública andaluza

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Foto: Pixabay

Andalucía ha superado durante 2017 los 900 trasplantes, batiendo su propio récord de donaciones y trasplantes por cuarto año consecutivo, tal como anuncia la Junta de Andalucía en su web.

Gracias a las donaciones registradas, los hospitales andaluces han podido realizar 919 trasplantes de órganos, 105 más que el año pasado, lo que supone un aumento del 13%. Concretamente, se han hecho 603 de riñón (47 de donantes vivos y, de ellos, 2 de donantes cruzados), 223 de hígado (2 de donante vivo), 35 de corazón, 43 de pulmón y 15 de páncreas.

Asimismo, del total de trasplantes, 27 han sido trasplantes pediátricos (15 renales, 7 de hígado, 4 de corazón y 1 de pulmón), igual cifra que el pasado año.

Todas estos datos suponen que se han alcanzado también cifras históricas en trasplante de riñón, de pulmón y de hígado en Andalucía y que los diferentes hospitales trasplantadores han marcado hitos.

Así, junto al alcanzado por el Hospital Virgen del Rocío con 200 trasplantes renales, el Hospital Puerta del Mar de Cádiz ha superado su récord en trasplante renal, con 100 intervenciones; el Hospital Virgen de las Nieves de Granada ha superado igualmente el suyo en trasplante hepático, con 38; el Hospital Regional de Málaga ha superado sus trasplantes hepáticos, con 58; y el Hospital Reina Sofía de Córdoba también ha registrado cifras históricas en trasplantes de pulmón, con 43, de riñón, con 99.

Este descenso se debe, en gran medida, al incremento de las cifras de donantes, cuyo factor clave, tal como ha resaltado la consejera, es la aceptación a la donación. El “sí de las familias” en Andalucía se ha situado en el 89%, el porcentaje más alto alcanzado hasta el momento.

Esta es una de las noticias más importantes que nos indican la excelencia por un lado de la calidad de la sanidad andaluza, y por otro lado, el más importante, el de la generosidad de las personas que viven en Andalucía (porque andaluz/a es el que vive en nuestra comunidad, no el que nace, ya que si te vas a vivir a otra comunidad autonóma o país y te censas allí, pierdes la ‘cualidad’ de ser andaluz o andaluza).

Pero esto no es nuevo. La solidaridad de la población andaluza en cuanto a transplantes viene de lejos. Basta el ejemplo de la gran manifestación juvenil que hubo en Jerez a principios de 1986 pidiendo un corazón para un transplante para una chica, Paqui Miranda Durán, de 18 años,  del Instituto Padre Luis Coloma, que por desgracia nunca llegó. Una manifestación que funcionó con el boca a boca, en tiempos que los móviles no existían. De aquello, fuimos muchos los estudiantes que nos hicimos donantes de órganos. Y hoy vemos que todo lo sembrado tuvo su fruto.

En verdad, por cosas así, la sanidad es ‘la joya de la corona’.

Pero desgraciadamente, vivimos en tiempos oscuros. Frente a estas luces de los logros de la sanidad andaluza, nos encontramos con las oscuridades que nos encontramos toda la ciudadanía cuando nos enfrentamos a una atención primaria que ya no es lo que era. Citas imposibles o a diez días vista, que te obligan a ir a tu centro de salud a primera hora – con lo que eso te impide tu conciliación laboral y familiar – a ver si consigues que te den cita. Lo he vivido, y es como volver a aquellos tiempos en que mi madre me llevaba a la Calle Higueras de Jerez y te ibas por la mañana a coger número, sin tener ni idea de cuando ibas a salir allí.

Esta situación crea incomodidad para los pacientes y para el personal médico, porque ante la falta de cita o las tardanzas, acudes a los centros de urgencias que se colapsan y empieza la famosa discusión con los médicos sobre ‘lo que es una urgencia’. Las cosas están cambiando para mal. Los conceptos de la medicina también. Este año he aprendido que uno no debe ir al médico hasta que lleves diez días con fiebre. Aunque en el prospecto de lo que te manden en la primera visita diga que a los tres días, si sigues con fiebre, que acudas a un centro médico. Antes eran tres. Ahora son diez.

No sé cuál es el problema de la atención primaria de salud en Andalucía, pero es obvio que no funciona y que hace sufrir a nuestra población: la enferma y la que trabaja en sanidad. No sé si es que necesitamos más presupuesto, más centros de salud, más médicos, o si necesitamos gestores más capaces, que sepan hacer las cosas como se hacían antes.

Lo cierto es que la situación de la atención primaria es caótica. Basta ver a los usuarios quejándose en las redes sociales y las fotos que cuelgan sobre falta de limpieza o largas esperas.

Son las luces y las sombras de una sanidad andaluza, capaz de hacer cosas maravillosas, como los trasplantes, o de llevarte en un minuto a los años sesenta del siglo XX.

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