Iglesia Católica, empresa de interés festivo cultural, S.A.

Foto: La Voz del Sur

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Uno de los episodios más polémicos y discutidos en la vida de Jesús de Nazaret es el conocido como expulsión de los mercaderes del Templo por un Jesús aparentemente violento (esa es la discusión, si fue violento o no) que se quejaba de que habían convertido lo que era la casa de oración en una cueva de ladrones.

Vivimos en nuestra ciudad, tan dada a las polémicas y tan olvidadiza con quienes más sufren, de nuevo la polémica entre actos religiosos y negocios turísticos.

La zambomba. Dícese de aquella reunión de vecinos y vecinas en torno a la nochebuena (no un mes antes, porque el adviento el cristiano/a ha de vivirlo) en la que se celebraba el nacimiento de Jesús.

Hoy pretenden, como Halloween y Todos los santos, que la zambomba no sea eso.

Quieren que la zambomba sea un acto hostelero, turístico, que salga de las antiguas casas de vecinos y las plazas para introducirse en bares y demás servicios de hostelería.

Llámenle como quieran. Pero eso no es zambomba. Será otra cosa. Pero zambomba, no. ¿Dónde está Jesús ahí?

Es puro negocio apartando las creencias religiosas al lado. La zambomba se ha convertido en alcohol y ruido. Nada más. En un botellón a lo bestia si es la calle o una fiesta refinada en un bar. ¿Que se cantan villancicos? Sí. ¿Y eso les da el carácter de zambomba? No.

Siempre está quien dice, con un argumentario repetido como un loro, que estas fiestas, junto a los multipasos en cualquier momento del año (recuerden la patética imagen del año pasado de un paso junto a cantos de villancicos), es que dejan mucho dinero.

Pues si los actos religiosos se hacen para hacer dinero, dejan de ser religiosos. Es puro negocio. Y no me vengan otra vez con que una parte va para Cáritas. El evangelio dice muy claro que tu mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha y que está muy feo eso de ir diciendo públicamente que das limosna. Eso es fariseismo. Jesús lo denunció también. Como denunció a esos mercaderes, insisto,  que convirtieron su casa de oración en una cueva de ladrones.

Yo me pregunto en qué hemos convertido la zambomba jerezana. En el evangelio está la respuesta. Quien quiera entender, que entienda.

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