Cuaresma Primer domingo: El desierto es un lugar de tentaciones

alberto + daniel claudio ruiz via Compfight

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días,

dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. 

Cuando arrestaron a Juan, Jesúss se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

– Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

Mc 1, 12-15

CICLO B Primer domingo de  Cuaresma.

Cuando he llegado a la mitad teórica de la vida, llego cansado de bullicios, jaleos, sonidos estridentes y murmullos que me distraen de la realidad.

Es ahora cuando busco espacios paz, tranquilos, para leer un libro, ver la televisión, pasear.

¿Es eso hacerse mayor? Posiblemente si. Lo que estoy intentado conseguir es dejar el bullicio de la civilización para irme a vivir a un desierto. Aunque es literalmente muy difícil. El Sáhara no lo tengo muy lejos, pero me va ser complicado ir allí. Por eso, me voy construyendo mi propio desierto. Mis espacios para mi mismo. Sólo, sin nadie. Necesito sólo de la presencia del Espíritu y con ello me sobra y basta.

Pero el desierto, además de ventajas como la soledad elegida, tiene desventajas. Es un sitio de tentaciones. Tentaciones a la comodidad, a quedarme quieto. A no moverme, ni por mí ni por los demás. Eso mismo le pasó a Jesús. Estuvo 40 días en el desierto, quizás buscando esa paz, esa fuerza, esas respuestas que yo estoy buscando ahora, aunque claro, no hay comparación. Jesús sabía que misión le esperaba y necesitaba reflexionar. El demonio le tentó con sus comodidades igual que nos tienta a nosotros. Jesús fue capaz de vencer al demonio y dejar el desierto. ¿Seré yo capaz de hacer lo mismo? ¿De renunciar a las comodidades que he logrado a lo largo de mi vida?

Convertíos y creed en el Evangelio, nos decía el cura el miércoles de ceniza. Eso no es casual, es lo que dijo Jesús después de salir del desierto y de enterarse de que habían metido a Juan el Bautista preso. Convertíos, que no es volver a ser cristianos, que ya lo somos. Convertirnos es tener la humildad ante el Dios Padre de saber que nos dan de nuevo, una oportunidad. Una y mil veces. Que Dios confía en nosotros, y nuestra voluntad es la suya, puesto que él está dentro nuestra y de nuestro prójimo. Convertirnos, quitándonos nuestros apegos y haciéndonos mejores personas. Convertirnos porque entonces podremos anunciar el  Evangelio, la Buena Noticia de que si seguimos el mensaje, los valores que nos enseñó Jesús, podremos construir un reino de verdad de justicia, solidaridad y paz para todas las personas de la Tierra.

Cuaresma 2015

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