Sebastián en la laguna, literatura LGTB de calidad. @ElPutoJacktwist.

Los tiempos cambian que son una barbaridad. He pasado de ser Huckleberry Finn a Don Hilarión. Mi primer libro, un cuento: el patito feo (no pierdan de vista este enlace), como un déjà vu, sin saber lo que era, me descubrió que los libros tenían autores. Andersen. Nombre mágico que me hizo leer, y sobre todo, llorar y asustarme. Vinieron muchos más. Julio Verne: me hizo soñar y aún sigo soñando con balas de cañón en la Luna, veinte mil leguas en un submarino o con viajar en una balsa dentro del volcán Strómboli.
Los autores, aquellos tan lejanos que nos hicieron personas. Leías, mirabas en la solapa al autor, porque te daba muchas pistas de por qué escribía así o había escrito ese libro. Luego le seguías, si te gustaba. Te hacías fans de los autores: yo cuando era Huckleberry Finn era fan de Julio Verne, de Enid Blyton, de Agatha Cristhie cuando crecí …
Hoy los tiempos han cambiado. Hoy conoces al autor antes gracias a las redes sociales. En algún momento el autor comenta algo que te dice tengo que leer ese libro. Es el autor el que te lleva a su libro. No el libro el que te lleva al autor.
En este caso, es José Luis Serrano – y perdónenme porque tengo que poner ahora la BSO de Brokeback Mountain para seguir escribiendo –

(@elputojacktwist en twitter, ¿entienden ahora? ) el que un día en su perfil de Facebook dijo algo así como que ‘Ya está el libro en las librerías, a partir de ahora el libro es vuestro’.
Yo creía que el libro era de los autores, per o no realmente, un libro cuando cae en tus manos, ya el libro es tuyo. ¿O no son míos porque forman parte de mi vida Huckleberry Finn, Tom Sawyer, los siete secretos, el capitán Nemo o Heidi? Sí, son míos, como ya es mío Sebastián en la Laguna, el último libro de José Luis Serrano.
No voy a desvelar el argumento porque quiero que lo lean. Habla de un muerto que aparece en una laguna. Una laguna que no está muerta, que es una laguna muy viva. En particular, en algún momento he sentido que esa laguna ha sido la misma que yo he tenido en mi vida tantas veces: laguna con un niño asustado montado en un autobús escuchando por la radio que Cecilia había muerto en la carretera, descubriendo que por dónde en ese preciso instante iba, se podía morir. Laguna con un niño asustado también al lado de su madre, aprendiendo a tener miedo a esa carretera general que tenía tantos accidentes. Laguna de ese niño esperando ver ovnis las tardes de verano y que nunca vio. O que si vio. Laguna preludio de esos grandes miedos que te vendrían de mayor y que no tenían que ver con la carretera. Laguna de esos muertos también que viste, que sufriste, que lloraste, que se dejaron la vida en la otra carretera que no circulan los coches y que aún aparecen como fantasmas.
Sebastián en la Laguna ya es mío, como también sus personajes. Yo quiero que también sea vuestro. Léanlo. Cómprenlo. Compárenlo. Pero no busquen otro mejor porque no lo van a encontrar.

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