Periodistas y respeto al periodismo.

Foto Pixabay
Foto Pixabay
Hace unos días me indignaba al escuchar a un político local en la radio decirle con unos modos no dignos del cargo que representa a un periodista:  ¿Y por qué no me pregunta usted por…? Parece que la pregunta que le hizo el periodista no le hizo gracia.
Suele pasar. La preguntas de los periodistas unas veces te hacen gracia y otras no te hacen ninguna. De hecho, a veces no quieres ni que te pregunten.
El periodista que recibió tan maleducada respuesta fue digno del puesto que ocupa, porque otra persona le hubiera contestado al político en cuestión que ‘ aquí las preguntas las hago yo’ con toda la razón del mundo. Pero no fue así y aguantó estoicamente el exabrupto.
Días después escucho a otra periodista en la televisión nacional hacerle una pregunta al presidente del gobierno en funciones y éste contestarle con un comentario como que ‘esa pregunta es para nota’. Una impertinencia, puesto que a no ser que el presidente sea catedrático en comunicación, no hay otra persona que le pueda poner nota a un periodista.
La verdad es que con estas cosas y este trato al periodismo, lo que te pide el cuerpo es darle plantón en sus ruedas de prensa (esas que te coinciden de hora y te tienes que partir en dos o te cambian o suspenden en el último momento y que la gente común no sabe)  y que se las apañen solos en comunicar con la sociedad con sus twitters y sus facebooks que sólo leen sus palmeros, sus convencidos… y los periodistas. Y digo twitters y facebooks y no digo blogs, porque nuestros políticos son tan vagos que ya no utilizan esta herramienta tan útil como utilizaban antes pero en las que hay que escribir 400 palabras para que sean un poco decentes. Ignoran que los tweets y los facebooks se pierden. Los blogs en Google, no. En fin, allá ellos con sus torpezas y sus flojeras.
Miren, sin periodistas, por muchas redes sociales que haya, no tendríamos información.
Si se para usted a pensar, estimado lector o lectora, cuando usted utiliza las redes sociales: ¿cuántas veces crea usted información  o cuántas veces difunde información creada por periodistas?
Y cuando digo periodistas, me refiero a toda aquella persona que pasó por una facultad de periodismo o comunicación.
Mucha gente confunde a los bloggers, creadores de podscats, locutores de radio fórmula, columnistas… con periodistas. Y no, no son lo mismo. Hacen cosas parecidas, pero se nota cuando se es o cuando no.
Yo por ejemplo, hago radio sobre astronomía o sobre música clásica, temas que domino. Pero no podría hacer otras cosas porque no sé, porque no hice la carrera de periodismo.
Todo el mundo tiene derecho a comunicar, pero el periodismo es otra cosa y se merece un respeto.
Algunos, como vemos, no respetan al periodista ni a las gentes que les leen o escuchan luego. Es más, reflejan una actitud de arrogancia y de miedo, le tienen hasta miedo. No es extraño pues que luego las ruedas de prensa las den desde una pantalla de plasma, donde el periodista no tiene derecho a la réplica.

Otoño cofrade en Jerez: 17 procesiones 17

Fotografía : Ayuntamiento de Jerez.
Fotografía : Ayuntamiento de Jerez.

Hace unos dos mil años, en el imperio romano, nació un hombre que se llamó a sí mismo (y lo llamaron otros. De hecho, cientos de años antes ya habían profetizado su aparición) el Hijo de Dios. Este hombre (y no es misión de esta columna la discusión sobre su divinidad o no) dio un mensaje de paz y amor que se resumió en amar a un Dios único sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. De ahí, y por el nombre de este hombre, Jesucristo, nació la religión cristiana, que a lo largo de los tiempos y hasta hoy, tiene muchas vertientes. La más importante, la católica. Claro, antiguamente, se hablaba en latín, y la Iglesia Católica siguió utilizando este idioma a pesar de que en cada región de la Europa de entonces y las colonias después, habían surgido idiomas nuevos con raíz latina.

El pueblo llano no entendía nada de lo que la Iglesia contaba desde sus púlpitos y menos aún, leía, porque no sabían leer. Así que decidieron hacer imágenes – chocando con lo que dice la Biblia – de actos que representaban escenas de la vida de Jesús. Y ya puestos, por determinadas fiestas religiosas, decidieron sacar esas imágenes a la calle para que el pueblo las viera y extender la fe y el conocimiento de la vida de Jesús.

Ese es muy someramente el origen de las procesiones.

Continúa leyendo Otoño cofrade en Jerez: 17 procesiones 17

¿A por las terceras?

wp-1467107069349.jpg

Os prometo que he intentando escribir esta columna varias veces. Pero otras tantas la he dejado. Siento asco, hastío, cansancio. Sí, es sobre la posibilidad de unas terceras elecciones. Parece uno que es Bill Murray en el Día de la Marmota. Así que voy a intentar pensar en lo que pasa aplicando el método científico como si estuviera diseccionando una rata en un laboratorio. ¿Qué desagradable, no? Pues exactamente eso es lo que siento.

¿De dónde venimos?

Venimos de una de las legislaturas demócraticas más dañinas que yo recuerdo. Franco murió cuando tenía cinco años, para que se hagan una idea. Venimos de una crisis que se ha dejado a mucha gente literalmente en el camino. No es cuestión de relacionarlo todo aquí por cuestiones de espacio. Ya saben ustedes a qué me refiero.

¿Qué tenemos?

Continúa leyendo ¿A por las terceras?

Miguel Hernández Zarandieta y el cometa Halley.

Cometa Halley (NASA)
Cometa Halley (Fotografía NASA)

Me entero del fallecimiento de Miguel Hernández Zarandieta. Uno no siempre está en contacto con los amigos permanentemente, salvo con los muy muy muy amigos, que más que amigos son familia. Pero cuando vas creciendo, a tus amigos de todas tus épocas los vas colocando en estanterías. Como si fueran libros. No están olvidados. Están ahí. Con sus lomos a la vista, indicando quiénes son, de qué hablan, qué te enseñan. Vas creciendo y si tienes suerte, vas llenando esa estantería y al llegar a los cincuenta como yo, te das cuenta que tienes una biblioteca de amigos.

No les llamas, no les ves, pero les tienes presente. Sin embargo, alguna vez que otra, los necesitas y lo buscas. Están ahí. No fallan. En tu estantería de amigos. U ocurre al revés. Te llaman a ti, porque si te lo has merecido en la vida, tú también estás colocado en las estanterías de las bibliotecas de tus amigos.

Pasa el tiempo y de pronto, te enteras que uno de tus amigos ha muerto. Te entra la pena, el vacío, el desconsuelo, pero miras a la estantería y ahí está. Ahí sigue, a pesar de estar muerto: su libro con su lomo, mirándote, diciendo ‘Aquí está la vida de tu amigo y todo lo que aprendiste de él’.

Uno de los autores de los libros de amigos de mi vida fue Miguel Hernández Zarandieta, profesor de Física del Instituto Padre Luis Coloma. Hubo una época en la que la casualidad me cruzó con él. Aprendí de sus risas, de su charla fácil, de su manera de hablar riéndose como diciéndote ‘Pero macho no lo entiendes con lo fácil que es’. Tuve la suerte de aprender más Física con él charlando que en el Instituto donde estuve. Nunca fui su alumno. No tuve esa suerte. Pero si la dicha de aprender de él.

Y otra suerte más aún: coincidir en el tiempo y en el espacio con Miguel cuando el cometa Halley pasó por la Tierra en una de sus vueltas. Tenía yo 21 años en 1986. Ya sabía de mucha astronomía teórica, había leído mucho. Pero Miguel me enseñó a apuntar al cielo con los prismáticos, con el telescopio, a hacer astronomía de la buena, aunque ahora yo sea más de astronomía de salón.

Recuerdo que no quería nada entonces con los ordenadores. ‘Para eso estás tú’, me decía. No eran tiempos de internet ni de Google Skymap. Ni dibujitos ni fotos. Era astronomía pura y dura, con tablas, números y más tablas y más números. ‘Alfonso, hazme las efemérides astronómicas para tal sitio y tal fecha‘ y ahí que venías y las recogías.

El tiempo pasó. Cada cuál cogió por su lado. Lo que me aportó es largo y no cabría aquí. Es más, hay cosas que me ayudó en lo personal que a nadie le importa.

Miguel se ha ido, pero su libro no. El libro de su vida, no. Sigue ahí, en mi estantería. Sé – ya sabía y lo dijimos en 1986 – que no volveríamos a ver más el Halley juntos.

La vida es así. Ayer terminé un libro sobre cosmología, astronomía y sobre la vida y la muerte: El castillo de los Pirineos, de Jostein Gaarder, el mismo de El mundo de Sofía. El final del libro me dejó rayado. La muerte de Miguel también me dejó rayado.

Pero me he quedado como dije antes con el libro de su vida, ahí, como nuevo, flamante, para cuando lo necesite.

Gracias Miguel Hernández Zarandieta. Fabricante de amigos y constructor de astrónomos. Abrazos a tu Montse y tu familia.

Ascensores y comunidades de vecinos y vecinas

Foto: Pixabay https://pixabay.com/es/ascensor-una-hermosa-vista-edificio-939515/

En estos días he estado acompañando a un familiar mayor en la reunión de su comunidad con el motivo de solicitar las ayudas que la Junta de Andalucía da a las comunidades de vecinos y vecinas para la instalación de un ascensor en viviendas antiguas, como es el caso, por ejemplo, de las de la Barriada de La Granja.

El plazo está abierto hasta el 19 de septiembre y pueden ver la información correspondiente en la web de la Consejería de Fomento y Obras Públicas.

Pero me corrija alguien si me equivoco. Creo que esta Orden de la Junta de Andalucía, aunque en el fondo tiene buen propósito (el ayudar a las comunidades a tener unas viviendas más accesibles y evitar que personas con limitaciones queden secuestradas sin salir a la calle), no la veo justa.

Y me explico. La Administración se relaciona con la comunidad y ésta es la que se compromete a pagar la parte que no está subvencionada.

Siempre surge la picaresca del ‘el de piso de abajo’ que no quiere pagar ascensor porque no lo necesita, que es similar al ‘el del segundo’ que no quiere pagar el arreglo del techo, porque eso está encima del quinto. O del local comercial que no quiere pagar ascensor ni arreglo de fachada, pero que sí que se beneficia de la revalorización del edificio y lo que esto aporta a su negocio.

Pero yo voy a otra cuestión. Yo me refiero a la particularidad, porque una comunidad de vecinos y vecinas está compuestas por muchos casos particulares. Continúa leyendo Ascensores y comunidades de vecinos y vecinas

El fin de los sindicatos de clase en la administración pública.

Soy de los que pensaba que el mundo era uno, que no importaban las razas, los colores, las fronteras. Soy de los que pensaba, y aún lo pienso, que el mundo era uno solo.

Pensaba, y me ilusionaba con veinte años, que el mundo cambiaría, que iba a cambiar de base, y que los que hace treinta años eran nada, ahora cuando tengo cincuenta, todo lo iban a ser.

Eran tiempos en que con veinte años soñaba, y aún sueño, con la utopía.

Entonces creía que todo el mundo junto, mujeres y hombres, estudiantes y clase trabajadora, llegaríamos a la lucha final. Y por ese idealismo de un mundo sin muros, (entonces había uno en Berlín, ahora hay uno en Palestina y creo que están intentando mañana hacer otro en México), pensaba que esta lucha era internacional.

Continúa leyendo El fin de los sindicatos de clase en la administración pública.

A los hombres también los matan

En caso de violencia machista, llama al 016. No deja huella en la factura telefónica.
En caso de violencia machista, llama al 016. No deja huella en la factura telefónica.

No puedo escribir en estado de shock. Tampoco debo escribir triste, así que he dejado pasar unos días. Pero todo sigue igual. No se me cae de la cabeza lo ocurrido el viernes pasado en Jerez con el intento de asesinato de dos mujeres por el mero hecho de ser eso: mujeres.

Hace unas semanas en estas mismas páginas hablaba yo de la desazón, del dolor tan distinto que te producen las muertes dependiendo de las distancias. Hay gente que no lo entiende, pero a mí me pasa.

En eso estaba mi mente cuando venía desde El Puerto a Jerez unas horas después del hecho y veía a lo lejos el campanario de San Miguel: ‘Ahí al lado ha sido’.

No voy a escribir ahora de por qué, del dolor, del intentar entender cómo suceden estas cosas.

Lo que quiero decir en esta columna es que estoy cansado. Me pasa en la radio. Me pasa cuando escribo: siempre que saco el tema de los asesinatos machistas de mujeres, siempre, siempre, tienen que aparecer hombres sobre todo, y alguna mujer – la mayoría de veces, suegras y madres de hombres separados – que me ‘recuerdan’ que también hay hombres que sufren, que si denuncias falsas, que si bla bla bla..

Pero ¿vamos a ver? ¿Estoy yo hablando de eso acaso? ¡Estoy hablando de que matan a mujeres porque son mujeres! Otro día sí quieren hablamos de las denuncias falsas, de los hombres que también son maltratados o de la violencia en las parejas homosexuales que también las hay! Pero HOY hablo de MUJERES ASESINADAS PORQUE SON ESO: MUJERES. ¿Por qué me queréis cambiar el tema? ¿por qué me mezclan churras con merinas? ¿por qué me intentan justificar los asesinatos machistas con razones como ‘ella se echó otra pareja y él lo veía y no lo pudo soportar’? ¿por qué se atreven a compararme a las mujeres asesinadas con el número de hombres maltratados? ¿Nos ponemos a contar ataúdes?… Les digo siempre.

Pero noy hay manera. Cada vez que hablo de una mujer asesinada, que no muerta (¡el lenguaje es tan importante!) termino hablando de que los hombres también sufren.  O de que hay que ver como soy que catalogo los asesinatos por categorías cuando todas las muertes son iguales. NO. Todas las muertes no son iguales. Serán iguales en el dolor que causan. Pero no son iguales por los motivos por los que se mata: No es lo mismo una muerte por terrorismo que por homofobia que por un robo que por una enfermedad o por machismo. Hay que saber y conocer la raíz para atajar la causa.

Y estoy cansado. Estoy harto. Verdaderamente harto de que con sangre delante nuestra, con muerte y con violencia haya gente que pretendan invisibilizar o suavizar algo que es una tragedia y es horrible.

Es como decía un amigo el otro día: te ocurre como si hablaras de las víctimas de ETA y alguien te dijera que hay víctimas que se aprovechan de las subvenciones.

Miren ustedes: lo peor del machismo es que uno lo lleva dentro y no se da cuenta. Especialmente de los micromachismos, que yo los llevo también, porque nos los han inoculado desde pequeños a través de la educación, la familia,  la religión y la política.

Y no se pueden ustedes ni imaginar lo que es para un gay tener machismo dentro, así que sé muy bien de lo que hablo.

Micromachismos que como un virus, un día se hace grande y mata.

Pero hasta aquí llegué: estoy cansado de hablar de mujeres asesinadas y que alguien me desvíe la atención para taparme la boca y que diga lo que sus machismos internos les impiden querer oír. Hasta aquí llegué: esto no va a ser el día de la marmota. Quién intente despistarme será anulado de mis conversaciones. Aislado. Es lo que se merecen los machistas. El aislamiento. Sean machistas que maten o no, porque yo no les veo diferencia: sólo el tiempo en el que atacan a la mujer. Unos los hacen, otros lo intentan, otros simplemente, lo desean o lo piensan. Y otros no llegan a la violencia nunca: pero tienen un nexo de unión dentro: el machismo. El machismo que mata.